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No voy a decir que German García, joven cronista de deportes de La Prensa en plena proyección, alcanza la mayoría de edad con la publicación de este llamativo y bien elaborado trabajo sobre nuestra máxima figura, como lo es Román “Chocolatito” González, pero muestra su atrevimiento con valentía y confianza, precisamente antes de partir hacia España en busca de su afilamiento como escritor, lo que seguramente conseguirá.

Mientras lo leía, pensaba: ¡Chavalo atrevido!

Cuando te atreves a escalar una montaña de dificultades, es que has superado el miedo. Puedo decir que esa confianza German la ha conseguido en la cabina de Doble Play, un programa en que la discusión constante sin dar ni pedir cuartel, recurriendo a argumentaciones consistentes, te permite pisar el acelerador del crecimiento, alrededor de tu esfuerzo, tu pasión y tu entrega.

Cuando me dijo que pensaba escribir un libro sobre Román González, frené mi carro y lo quedé viendo. Sus ojos iluminados bailoteaban agitadamente como tratando de explicarlo todo. “¡Claro que es una buena idea. Estupenda!”, le dije sin titubear, agregándole: “Tienes que comenzar un acercamiento lo más pronto posible, planear cómo ir a fondo y documentarte. Luego, solo te sueltas, como el lobo de Gubia, agudizando tu observación”.

Volví a mirarlo y pensé: “¡Solo el atrevimiento te lleva a la proeza!”. 

Aquí y en cualquier parte, es una proeza darle forma y garantizarle fondo a un libro. Se trata, sobre todo, cuando eres muy joven como German, con apenas 21 años, de un viaje en la montaña rusa, intentando percatarte mientras escribes, cuándo estás arriba y cuándo abajo. Se me ocurrió hacerlo leer el libro sobre Balzac que hizo Stefan Zweig, pero temí precipitarlo. Además, siendo yo también un aprendiz aunque ya envejeciendo, no podía atreverme a intentar orientarlo. Con mejor base académica, alguien que sabe lo que es ser el mejor alumno, solo necesitaba una palmada en la espalda.

Preguntarme, ¿podrá hacerlo? No tenía sentido después de haber leído su trabajo monográfico sobre Orlando Vásquez, presentado el día de su examen final, el sometimiento a consideración de su capacidad frente a un grupo de profesores. ¡Claro que German, pese a su pequeña experiencia, podría hacerlo!

Pese a pensar así, me repetí: “¡Chavalo atrevido!”.

German aplica en el trabajo algunas combinaciones de golpes como las de “Chocolatito” toreando o demoliendo rivales, y cuidadosamente no abusa. Momentos en que la luz del sol y una suave brisa caen sobre esas líneas, tratando de ser lo mejor trazadas. La ansiedad y la urgencia son sensaciones que te empujan hacia la imprecisión. German evitó eso, mostrando una prematura madurez. Se capta la intención de sublimar, de engrandecer, pero sin agobiar al lector.

Reitero que este libro no le otorga a German un certificado de mayoría de edad, pero está haciendo historia: ¿quién en la crónica deportiva se atrevió a meterse en la Laguna Negra a batallar con el “monstruo” de la crítica como él lo está haciendo? No es algo surrealista, es simplemente estresante. Y German nos entrega este trabajo que enaltece a “Chocolatito” y vale la pena leer.

¡Chavalo atrevido! Te felicito.

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