Haxel Rubén Murillo
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Los niños nunca dejan de enseñar. Son el claro ejemplo de que cuando se juegan al máximo, poniendo en primer lugar la diversión por encima de la competitividad, se pueden alcanzar éxitos grandiosos.

Esta semana, la Selección Infantil de 10 años que compite en el Torneo Panamericano, organizado en nuestro país, ha hecho vibrar de alegría y emoción a un centenar de aficionados que llegaron a ver los partidos al estadio Roberto Clemente y al de ENEL Central. Hoy, Nicaragua jugará la final contra Panamá, con la posibilidad no solamente de lograr el título, sino de levantarlo de forma invicta, sin abolladuras.

Pero independientemente del resultado, no hay nada más que exigirle a estos pequeños. Ganaron 5 partidos, avanzando a semifinales de forma invicta. Ayer, agónicamente le arrancaron el boleto a la final a Brasil, acumulando su sexto triunfo, el resultado de hoy, no debería de importar demasiado si es una derrota, ya los niños cumplieron y superaron las expectativas, merecen ser reconocidos, aplaudidos y recompensados por el mayúsculo esfuerzo que han hecho representando a una nación que siempre necesita de este tipo de alegrías.

Con la actuación de estos niños increíbles, Nemesio Porras debe estar saltando en su butaca, de orgullo y alegría. Si los pequeños brillan, su trabajo en la Feniba se engrandece aún más.

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