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Fue una fiesta de encontradas emociones, mientras los fanáticos de los Dantos celebraban la consecución de un título luego de 29 años, los aficionados de los Indios del Bóer lamentaban que el sexto juego se les escapara de las manos tras lograr otra remontada espectacular. Sin embargo, ese contraste de emociones fue hasta el final, pues a lo largo de todo el encuentro, las barras de ambos equipos permanecieron en constante ebullición, convirtiéndose en el décimo jugador que se encarga de inyectar ánimo al resto. Tras concluir la serie final, solamente un elemento une a ambas fanaticadas, el recuerdo de haber sido testigos de batallas con finales dramáticos.

Ambiente escandaloso

De principio a fin no hubo forma de silenciar a las barras de ambos equipos, sus cánticos y gritos fueron en todo tiempo ensordecedores. Nunca perdieron el ánimo, siempre estuvieron en pie de guerra, animando a sus novenas. El sonido de los tambores y el ruido de las famosas vuvuzelas se convirtieron en la melodía de cada instante, estremeciendo al coloso que tiene ya 68 años de estar en pie.

¡Bóer, Bóer, Bóer! Por un lado y ¡Dantos, Dantos, Dantos! Por el otro fue lo que más se escuchó corear en las tribunas. Ancianos, adultos, jóvenes y niños, todos fueron parte de la fiesta beisbolera que se vivió en el Denis Martínez, estadio que ayer se vistió de rojo y blanco por el lado izquierdo y solamente de rojo por el costado derecho.  

Figuras atractivas

Su presencia en el estadio es inevitable, pues se han convertido en algo esencial del espectáculo. Se trata de figuras muy representativas de cada equipo. El primero que salta a la vista es el Indio, personaje característico del Bóer. Con su lanza y su traje, en el que predominan las plumas rojiblancas, se convierte en uno de los principales animadores del equipo mimado de la capital.

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Por el otro lado, imposible no ser testigo de los particulares rituales de Keith Taylor, carga bates de los Dantos. Sus extrañas ceremonias en el cajón de bateo en cada cambio de episodios se roban la mirada de cuanto aficionado hay en las tribunas. A esto hay que sumarle su peculiar forma de bailar y correr. ¡Toda una exhibición!

Tanto el Indio como Taylor tuvieron un cara a cara en el octavo episodio. ¿Qué se dijeron? Nadie más que ellos lo supo. Solamente se vieron los gestos de ambos señalándose, Taylor con el muñeco de sus rituales y el Indio con su lanza.

Ah, no crean que se había quedado fuera de la lista el popular Clodomiro “El Ñajo”. Eso es imposible apreciado lector, pues donde está el Bóer, ahí está Clodomiro. Se le vio entre la multitud vendiendo lotería y constantemente se le escuchó gritando ¡viva el Bóer!  

Tiempo de ganarse la vida

Mientras en el terreno de juego los Indios y los Dantos se fajaban en busca de la victoria y en las tribunas los aficionados se disputaban el título de la mejor barra, los vendedores del estadio batallaban contra cualquier cosa en busca de vender todos sus productos. La competencia era muy fuerte y la variedad de negocios, atractiva. Infaltable fue la venta de vigorón, quesillo, hot dogs, palomitas de maíz, pizza, naranjas, raspados y mucho más. Ah, tampoco faltaron los vendedores de gafas y de cintillos con los nombres de los equipos. Al igual que las barras, los mercaderes nunca se cansaron de vender, daban la impresión de tener mercadería para siempre.

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