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El ruido, el olor a la pelota y la fiebre, se juntan en el punto en que lo deportivamente pasional erosiona cada vez que se escucha el grito de ¡Play Ball! El beisbol es un deporte de raíces tan profundas en el terruño, que se le considera inextinguible. Puede sufrir bajones de voltaje, pero regresa, siempre regresa, las veces que sea necesario, como lo hará hoy reclamando su prioridad.

El secreto que esconde cada pelota puesta en juego sigue siendo el corazón de las expectativas. Esa pelota sigue midiendo 9 pulgadas de circunferencia, pesando solo 5 onzas y elaborada con corcho atado con hilo de lana, cubierta con dos capas de cuero de vaca y zurcida a mano, con 216 puntadas, pero sigue cobijada por un gigantesco enigma cada vez que es soltada, pese a que la distancia entre el montículo y el plato, es la misma, 60 pies y 6 pulgadas.

El último campeón del beisbol profesional en enero de este año fue el Rivas. Se impuso al Oriental en un cierre electrizante que mantuvo a los lobos aullando. Pese al ligero flaqueo en el cierre del noveno, el picheo sereno del zurdo Carlos Teller, ponchando a siete en los últimos cinco innings, escapando no ileso a una amenaza de última hora, fue el factor de seguridad para la segunda coronación de los sureños, ahora frente a la bravura del Oriental.

QUE BIEN SE VE RIVAS

Esta noche se levanta el telón con el Rivas recibiendo al Bóer y el Oriental al Chinandega. Están el sueño, la luz y la multiplicación de esfuerzos, como en todos los deportes, pero con mayor temor por lo imprevisto. A simple vista, los conocedores ven muy fuerte al Rivas. Parece disponer del armamento necesario el equipo que será dirigido por el cubano Germán Mesa. Su infield se ve solvente: Anderson Feliz en tercera, Omar Obregón en el campo corto, Elmer Reyes en segunda, y Darrel Campbell y William Vásquez alternándose en primera base y en el rol de designado; en los bosques, Mark Joseph, Dwight Britton y Yonel Pacheco, con Luis Allen detrás del plato. Agreguen a los abridores Paul Estrada, Miguel Escalona, Jonathan Aristill, José Rosario y posiblemente Juan Bermúdez, con Francisco Valdivia, Wilfredo Amador y José Luis Saénz en el bullpen, y van a mirar en pantalla un equipo favorito.

El Oriental encabeza los retadores y rechinando fuertemente los dientes. Cuenta con los importados Donell Linares, Eduardo Thomas, Freddy Guzmán y Eulogio Martínez en la parte central de su bateo, con el conocido Juan Carlos Torres en la receptoría, más Ofilio Castro, Renato Morales, Iván Marín, Ronald Garth, Jordan Pavón y Moisés Flores. En pitcheo, regresa Darwin Cubillán el implacable rematador, los abridores Rodney Rodríguez y Róger Luque con el complemento de Armando Montenegro, Gustavo Martínez y Wilder Rayo. Es fácil imaginar la repetición de la final todavía recordable.

¿SERÁ CAPAZ EL BÓER?

El Bóer, dependerá de su plus esfuerzo con Manuel Jiménez como cácher; Sandor Guido, Darwin Sevilla, Vladimir Frías y Daniel Mateo en el cuadro interior; Rizo, Jilton y Burt Reynolds en los jardines, en tanto Carlos Monasterios, Jean Granado, Luis Hernández, Fidencio Flores y Jorge Bucardo en la rotación y Johnny Polanco al frente del bullpen; en tanto el Chinandega, manejado por Lenin Picota, confía en los brazos de Raúl Ruiz, Seydel Beltrán, Abraham Elvira, Samuel Estrada, Junior Téllez y José David Rugama; Luis Álvarez con la máscara, más Erick Epifanio, Curt Smith, Jimmy González, Jem Argeñal, Edgar Montiel y Marval, listos para aportar.

Tres meses después, los cálculos previos pueden saltar hechos añicos. Todos lo sabemos, pero es inevitable desembocar en ellos. La Liga Profesional como es obvio, ofrece un mejor beisbol.

Además, estamos acariciando la posibilidad de ver en acción a Cheslor Cuthbert.

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