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Una volea sublime a última hora del lateral belga Meunier sacó al París Saint Germain del fenomenal lío en el que se había metido por su parsimonia y su falta de contundencia en el duelo frente al Basilea (1-2).

El PSG de Unai Emery todavía no enamora a nadie, pero el técnico vasco, a la espera de que las piezas del equipo acaben de mezclar, puede exhibir unos resultados que le permiten no descolgarse en ninguna competición.

Tras su victoria de ayer en Basilea, ante un equipo voluntarioso pero con poca calidad, el PSG ya se ha clasificado para la siguiente fase en el grupo A y deberá jugarse, como estaba previsto en cualquier quiniela, la primera plaza con el Arsenal.

Pero el triunfo tuvo que esperar hasta el minuto 90, cuando Meunier, que además había sido el mejor del partido, coronó su actuación con una volea de empeine que entró por la escuadra de Vacik, al recibir un pase de Rabiot.

El belga, llegado a París este verano tras destacar en la Eurocopa con su selección, consiguió así resolver el embrollo en el que se hallaba metido el PSG, que no mató el partido cuando debió y luego sufrió hasta el último segundo.

Si algo se le critica al equipo galo es la falta de un media punta sobre el que gire el juego ofensivo. Se trajo a Ben Arfa en verano con esa esperanza, pero hasta ahora ha sido más un quebradero de cabeza que una solución para Emery.

DI MARÍA FUNCIONAL

Con Pastore relegado, su compatriota Di María asumió en Basilea la misión de filtrar el último pase, barriendo todo el frente de ataque, y para ello dispuso de más espacio del que podía imaginar.

En cualquier caso, las oportunidades para el PSG se sucedieron una tras otra hasta que, justo antes del descanso, Matuidi desvió con el tacón un remate defectuoso de, quién si no, Meunier, a la salida de un córner.

Un balón desde la derecha del suizo Zuffi, que no se sabe si fue un centro o un disparo o las dos cosas a la vez, se coló en la portería parisina por encima de un adelantado Areola.

Janko pudo meter el segundo para los suizos, al rematar solo pero forzado una jugada a balón parado. Sinsabores del futbol: prácticamente en la jugada siguiente Meunier hizo el gol de su vida y devolvió la calma a un equipo un tanto atribulado.

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