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Ganaron los Cachorros 9-3, la Serie Mundial está nivelada, y ahora la presión es compartida, mientras la intriga alrededor de lo que puede ocurrir en el séptimo y decisivo juego es sofocante. Una falla defensiva en el propio arranque del juego y dos grandes batazos de Kris Bryant y Addison Russell, este último con las bases cargadas, proporcionaron al abridor Jake Arrieta una ventaja de 7-0, finalmente irreversible. Aflojó Arrieta y cedió dos carreras, pero el relevo corto de Montgomery y el esfuerzo de Chapman sujetaron a los Indios hasta el estallido de dos carreras producido por el jonrón de Anthony Rizzo en el inicio del noveno. Tardíamente y sin significado, los Indios agregaron su tercera carrera en el noveno viendo a Pedro Strop y Travis Wood cerrar el juego.

Corey Kluber, el “as” de espadas de los Indios, regresando a la época de los abridores de tres juegos en series  mundiales, tratará de seguir ejerciendo un dominio aplastante sobre el bateo de los Cachorros, en tanto el líder en efectividad de la Liga Nacional tomará el reto, como lo hizo Mickey Lolich frente al inmenso Bob Gibson en el séptimo y decisivo juego del Clásico de 1968 que ganaron los Tigres a los Cardenales.

Rápido salto

El pitcheo de Josh Tomlin solo fue efectivo con los dos primeros bateadores, registrando outs supuestamente tranquilizantes. El jonrón de Kris Bryant, con ruido de rama seca al quebrarse, además de adelantar a los Cachorros 1-0, alteró el sistema nervioso de Tomlin. Hits seguidos de Anthony Rizzo y Ben Zobrist, y doblete casual de Addison Russell, consecuencia de la falta de entendimiento en los bosques de Nanquin y Chisenhall, facilitaron otras dos carreras. En la madrugada del partido la multitud se sintió golpeada, antes que Jake Arrieta realizara su primer lanzamiento. En una serie de resultados tan ajustados, ese era un hándicap favorable de mayúsculo significado.

El cero del segundo inning contra la parte baja del bateo de los Cachorros hizo pensar que Tomlin podía entrar en una fase de enderezamiento, pero tal posibilidad fue bombardeada en el tercer inning, cuando después de llenar las bases los Cachorros contra Tomlin por un boleto a Schwarber y hits consecutivos de Rizzo y Zobrist con un out, Addison Russell, un empujador de 95 carreras en la temporada regular, se voló la cerca del jardín central contra el relevista Dan Otero, agrandando la diferencia 7-0.

Esperanzas no crecieron

Con Arrieta lanzando, la opción de una remontada parecía ser un reto tan difícil como mover de su sitio una de las pirámides de Egipto. Sin embargo, los Indios, sin contar con un enérgico pitcheo de contención, enviaron dos señales de vida: una en el cuarto con doble de Kipnis y hit empujador de Napoli, y otra en el quinto, con el jonrón solitario de Kipnis con dos outs. La diferencia seguía siendo grande, pero con cuatro turnos pendientes, la inseguridad entró al escenario y el público comenzó a moverse alrededor de una esperanza que podía crecer.

Los Cachorros, en tanto, malograron dos oportunidades: una en el cuarto, cuando Bryant abrió con hit y fue a segunda por un wild, fallando Rizzo y ponchándose Zobrist y Russell; otra en el séptimo, con Schwarber y Bryant conectando hits sin out contra McCallister, el quinto brazo de los Indios en el juego, solo para que Rizzo, Zobrist y Russell fueran anulados. No se podía decir que eso dolería más adelante, pero dolió en el momento.

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En el séptimo de los Indios, al ser boleado Chisenhall por Montgomery, el mánager Maddon llamó urgentemente al cubano Chapman y le encargó los últimos siete outs, pero se conformó con cuatro, entregándole la píldora a Pedro Strop después de la base por bolas, quien no pudo evitar la tercera carrera de los Indios. Antes, el jonrón de dos carreras de Anthony Rizzo había sido el factor de seguridad para los Cachorros, nivelando la serie 3-3. Hoy, los de Chicago intentarán ser el sexto de 45 equipos que han estado contra la pared 1-3, en arrebatar el botín y coronarse, pero Kluber ha sido un verdugo para ellos dos veces. Eso sí, con Hendricks en frente, la intriga es sofocante. Denis Martínez

Denis activa largo aprecio

Edgar Tijerino

Hay recuerdos imborrables, listos para ser activados, como el paso de Denis Martínez por los Indios de Cleveland entre 1994 y 1996, esencialmente, la temporada de 1995, cuando los Indios avanzaron por vez primera a una Serie Mundial desde 1954, apoyándose en el momento cumbre, en el picheo de Denis superando al “Monstruo” Randy Johnson. Ovacionado por la multitud que llenó el Estadio, Denis, cobijado por ese viejo e inagotable aprecio, ejecutó el lanzamiento de la primera bola del sexto juego. Obviamente un picheo retorcido. Fue un reconocimiento a su aporte, una muestra de gratitud, otro timbre de orgullo.

Desde la misma colina que lo vio hacerle a Rich Amaral de Seattle, el primer lanzamiento oficial en ese nuevo parque, entonces Jacobs Field, en 1994 con el presidente Clinton en las tribunas, Denis movió su brazo como aspa de molino, antes de ir hacia el plato. Jake Arrieta y Josh Tomlin lo miraban con respeto y seguramente, con admiración. Conociéndolo, la emoción debe haberlo desbordado.

En 1994 en su debut como indio, durante una temporada recortada, empató con Mark Clark en el staff de Cleveland con 11 victorias, superando a Jack Morris y Charles Nagy. Por octava temporada seguida ganó 10 o más juegos, la décimo cuarta en su carrera. En su apertura final antes de la suspensión, el 6 de agosto en Boston, registró una victoria por 7-0. Fue el quinto juego de 2 hits en su carrera, el recorrido completo 117 y la blanqueada 26.

En 1995, con estupendo balance de 12-5, llegó a 231 victorias, superando las 229 del cubano Luis Tiant. Participó en su cuarto Juego de Estrellas, y durante la postemporada, derrotó a Randy Johnson para asegurar el banderín de liga de los Indios. En la Serie Mundial estuvo 0-0 contra Tom Glavine en el sexto juego, perdiendo finalmente los Indios 1-0 por el jonrón de Dave Justice frente a Jim Poole. En 1996 flaqueó su codo después de 9 triunfos, y los Indios lo soltaron, porque con 42 años consideraron que su recuperación era improbable, pero mantuvieron inalterable su aprecio, como lo demostraron anoche.

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