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¿Podría Pep Guardiola haber dado con el arma definitiva contra el Barcelona? La intensa presión de su Manchester City el martes en la Liga de Campeones (3-1) neutralizó a un Barsa demasiado vulnerable y debilitado por las bajas, pero que sigue en cabeza del grupo C.

Exentrenador del Barcelona (2008-2012), Guardiola conoce mejor que nadie el mecanismo del juego de toque azulgrana, y tras haber naufragado en el Camp Nou (4-0) a mediados de octubre, su equipo esta vez dio con la receta para ahogar al gigante barcelonista: presionar muy arriba para impedir la salida de su juego.

“Nuestro esquema quizá era un poco complicado y lo hemos simplificado jugando más directo y presionando fuerte y arriba. Hemos ganado contra el mejor equipo del mundo”, se alegró el técnico catalán del City. Paradójicamente, su equipo no jugó “a la Guardiola”: solo registró un 35% de posesión, frente al 65% del Barsa. Una renuncia necesaria para saltar a la yugular de los barcelonistas.

“En la segunda parte, intentamos recuperar el control, pero no pudo ser fruto de la presión del rival y algunos errores claves, que no solemos cometer”, dijo el técnico blaugrana Luis Enrique. 

Un coloso debilitado 

Leo Messi, que abrió el marcador, tampoco tuvo su mejor noche ni el argentino ni sus compañeros Luis Suárez y Neymar lograron imponerse del todo cuando mayor era el dominio catalán en el primer período. Los medios españoles incluso se hicieron eco de un rifirrafe verbal al final del partido en el túnel de vestuarios entre Messi y un jugador del City, símbolo de la frustración barcelonista.

A la vista del partido, el Barsa echó mucho de menos a dos figuras lesionadas: el capitán Andrés Iniesta (rodilla) y el central Gerard Piqué (tobillo), que ingresaron en una enfermería ya bastante llena (Jordi Alba, Mathieu, Aleix Vidal, entre otros.).

No parece fruto de la casualidad que las tres derrotas del Barcelona en esta temporada hayan llegado cuando Iniesta no era titular. El experimentado centrocampista fuera de los terrenos de juego al menos hasta principios de diciembre, sigue siendo el organizador del juego azulgrana y el distribuidor de balones al trío ofensivo de la “MSN” (Messi-Suárez-Neymar).

Su sustituto el martes, el portugués André Gomes, no tiene el mismo peso e incluso envió al larguero un balón que hubiera supuesto el 2-2. En cuanto a Piqué, el Barsa echó de menos su calidad en la salida del balón y su precisión en el juego en largo, con un Busquets superado por los rivales el martes. “Las lesiones no son excusa. Es futbol y le pasa a todos los equipos”, dijo Busquets. 

La bestia herida 

A pesar de la derrota, el Barsa destacó su gran primera parte, “escandalosamente buena”, según Luis Enrique y prefiere pensar que con menos fallos ofensivos, el resultado podría haber sido otro. Así, el Barcelona ha sufrido su primera derrota en seis partidos oficiales contra el Manchester City, pero el club azulgrana (líder con 9 puntos) sigue en una cómoda posición en el grupo C, por delante del City (2º con 7 puntos).

Un empate en el campo del Celtic el 23 de noviembre bastará a los catalanes para asegurarse los octavos de final, mientras que cuatro puntos en total frente a escoceses y después el Borussia Mönchengladbach les daría la primera plaza, sinónimo a priori de rival más favorable en la siguiente fase.

“Estamos tranquilos porque dependemos de nosotros para clasificarnos”, desdramatizó el delantero Luis Suárez. Lo que quiere decir que es un poco pronto para enterrar al Barsa: en 2014-2015, los azulgrana perdieron en la fase de grupos frente al Paris SG (3-2), y después contra Guardiola y su Bayern de Múnich en la vuelta de las semifinales (2-3), pero, a pesar de todo, se proclamaron campeones de Europa en junio de 2015. “Cuando todos el mundo esté de vuelta seremos más fuertes”, advirtió Busquets.

35 por ciento de posesión del balón tuvo el Manchester City en su partido contra el Barcelona.

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