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Mas de cien años de soledad terminaron anoche. ¿Es posible? Sí, amigos, podemos creerlo: muerta la cabra, se coronaron los Cachorros derrotando 8-7 a los Indios en el mar de las dificultades. Fue necesaria una espera de 108 años para que volvieran a coronarse. Theo Epstein, el constructor de este equipo, el mismo que terminó con el maleficio de los Medias Rojas, debe haber gritado en silencio: ¡Lo volví a hacer!

Así que por fin, atravesando por montañas de sufrimientos, completando un espectacular resurgimiento con tres victorias consecutivas, los de Chicago sepultaron la maldición de la cabra Murphy que los amargó durante 71 años, y conquistaron el banderín de la Serie Mundial del 2016. Fue algo estremecedor: los cañonazos de Ben Zobrist y Miguel Montero en el inicio del décimo, empujaron las carreras que definitivamente desvanecieron el suspenso, adelantando a los Cachorros 8-6 y permitiéndoles convertirse en apenas el sexto de 45 equipos que han estado atrás 1-3 y logran coronarse.

En un largamente intrigante séptimo juego, en el que raramente los mortíferos relevistas Andrew Miller y Aroldis Chapman se vieron oscurecidos, los Cachorros arremetieron con tres jonrones para mantenerse adelante 6-3, antes que la tierra se moviera debajo de los pies de Chapman en el octavo y el jonrón de dos carreras de Rajai Davis empatara el juego enloqueciendo las tribunas, levantando de las butacas a medio mundo frente a los televisores. En el décimo, después de una corta suspensión (por lluvia), hit abridor de Schwarber, avance a segunda con kilométrico batazo de Bryant, boleto intencional a Rizzo y doble de Zobrist, colocó en ventaja a los Cachorros 7-6. Rusell fue boleado, pero Montero disparó sencillo ampliando la diferencia 8-6. Los Indios no tiraron la toalla. Embasaron a dos hombres frente a Carl Edwards con dos outs, amenazando seriamente con empatar el juego tras el hit remolcador de Rajai Davis que puso el marcador 8-7, pero Mike Montgomery entró a dominar a Michael Martínez para el último out más soñado en la historia del beisbol. 

El primer impacto

Lo menos esperado, un jonrón abridor de juego disparado por Dexter Fowler golpea en las mandíbulas a la multitud en Cleveland y aturde al derecho Corey Kluber. Sin out y sin venderse el primer hot dog, los Cachorros tomaron ventaja por 1-0. Ahí estaba la importancia de pegar primero en un duelo de vencer o morir. Se pensó que esa palmada en la espalda estimularía a Kyle Hendrick, pero el pitcher de mejor efectividad en las Mayores este año, luego de sobrevivir a un error de Javier Báez en el cierre del primer inning y escapar a hits seguidos de Ramírez y Chisenhall en el segundo, con un viraje matador a primera y obligar a un bateo para doble play, no pudo evitar el empate en el tercer episodio, que lo Indios no supieron aprovechar mejor.

Doblete abridor de Coco Crisp y perfecto sacrificio de Roberto Pérez fabricaron la gran opción de borrar la desventaja, concretada por la cuchillada de Carlos Santana hacia el jardín derecho. Con la pizarra 1-1 y las tribunas rugiendo, otro error de ese excepcional fildeador que es Báez, tratando de tomar la pelota con mano limpia, dejó a dos hombres circulando. Un gran momento que Lindor frustró con tres bolas sin strike al fallar en elevado al left, y morir Napoli en roletazo. 

Kluber cede y sale

Mientras el pitcheo de Hendrick era inseguro, Kluber, aún sin ponchar en contraste con los estragos hechos en el arranque del primer juego, cuando fusiló a ocho en los primeros nueve outs, lograba dibujar con absoluto dominio tres ceros seguidos. Cuando la impresión generalizada era que Kluber había logrado tomar las riendas, su pitcheo se agrietó en el cuarto episodio. Hit de Bryant y golpe a Rizzo abrieron las puertas para desequilibrar a los Cachorros. Una jugada de escogencia, corto fly de sacrificio de Zobrits y doble impulsador de Wilson Contreras adelantaron a los de Chicago 3-1.

Lea: Se disparan boletos para séptimo juego de Serie Mundial entre Indios y Cachorros

Jonrón abridor del inutilizado frente al plato Javier Báez, quien había sido ponchado nueve veces en la serie, hizo sonar las alarmas alrededor del brazo de Kluber, y con el marcador en contra 4-1, el manager Francona llamó a su “as” Andrew Miller, con el propósito de parar en seco la agresividad de los Cachorros. No fue así porque Fowler conectó hit, pero un doble play clarificó la situación. Sin embargo, boleto a Bryant y doble de Anthony Rizzo golpeando aquello de zurdo contra zurdo, estiraron la diferencia 5-1. No, no era el mismo Miller, y el batazo de Zobrist, fildeado por Davis frente al muro del jardín central para el tercer out, fue otra advertencia.

Chapman desconocido

Después de dos outs, Hendrick boleó a Santana en el cierre del quinto. ¿Quién iba a sospechar que de forma extraña, los Indios fabricarían con audacia dos carreras que los levantarían de la lona? Maddon decidió recurrir al zurdo Jon Lester, su mejor abridor, ganador del quinto juego. Un machucón de Kipnis provocó error en tiro del nuevo cátcher Ross y en lugar de tres outs, Cleveland tenía hombres en segunda y tercera. Un wild de Lester con la pelota rebotando en la máscara de Ross, permitió las anotaciones de Santana y Kipnis, recortando la ventaja 5-3. Se encendían las velas de la esperanza en las tribunas, cuando Ross se voló la cerca contra Miller y la ventaja de tres carreras, 6-3, devolvió tranquilidad a los Cachorros.

Pero lo increíble no toma día libre. En el cierre del octavo, con dos outs y bases limpias, hit de Ramírez sacó a Lester de la colina y trajo al casi siempre mortífero Aroldis Chapman, supuestamente para evitar alteraciones en el sistema nervioso. No fue así. Igual que Miller, Chapman en su tercer relevo consecutivo no pudo hacer valer su poder: doble empujador de Brandon Guyer y jonrón de Rajai Davis por la izquierda empataron el juego 6-6, enloqueciendo Cleveland.

En el decimo, la presión de los Cachorros obligando a dos boletos intencionales, los cañonazos de Zobrist y Montero para establecer el 8-6, la muerte de la cabra, el fin de la maldición, y la coronación que por más de cien años fue imposible.

108 años pasaron para que los Cachorros de Chicago volvieran a ser campeones de la Serie Mundial.

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