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Los Cachorros de Chicago, que no ganaban una Serie Mundial de beisbol desde antes de que se inventara el pan en rodajas, hirvieron en jonrones y bajaron con champán la Maldición de la cabra Billy, al derrotar a los Indios de Cleveland y llevarse su primer título en 108 años.

“Esos 108 años no significan nada más”, dijo el lanzador de los Cachorros Jake Arrieta, ganador del segundo y sexto juegos de la serie al mejor de siete. “Es el comienzo de un nuevo capítulo para los Cachorros de Chicago”. 

Chicago puso fin a la más larga sequía de títulos deportivos en la historia de Estados Unidos, al derrotar a los Indios 8x7 en el séptimo y último partido de la Serie Mundial.

Como guinda del pastel, ganó los tres últimos partidos de forma consecutiva, toda una hazaña, y venció a Cleveland 4-3 en la serie al mejor de siete juegos.

Los Cachorros no habían alcanzado la Serie Mundial desde 1945, supuestamente víctimas de la “Maldición de la cabra Billy”, impuesta por un propietario de taberna que fue expulsado junto con su cabra de un juego de la serie en el Wrigley Field y juró que los Cachorros nunca volverían a ganar.

Obama y el pan en rodajas 

La última vez que los Cachorros ganaron una Serie Mundial fue en 1908, cuando según el presidente Barack Obama, no se había inventado aún el pan de rodajas  

“Estaba viendo el juego en televisión, y me explicaron que la última vez que los Cachorros habían ganado, Thomas Edison estaba vivo y no habían inventado el pan en rodajas todavía”, dijo Obama durante un discurso en Jacksonville la mañana de ayer.

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Obama, fanático de los deportes y especialmente de los Bulls de Chicago, la ciudad que lo lanzó a la política, fue uno de los primeros en felicitar a los Cachorros.

“Esto es en realidad para los aficionados de los Cachorros lo mejor desde el pan en rodajas. Quiero felicitar a los Cachorros de Chicago por una temporada increíble”, expresó el presidente, al tiempo que extendió una invitación al equipo para visitar la Casa Blanca antes de abandonarla en enero.

Fin de la maldición 

Fue un juego tenso el que cerró la serie, que se extendió hasta la madrugada del jueves, con el marcador balanceándose de un lado a otro.

Chicago se puso a cuatro outs de ganar la corona, pero el relevista cubano Aroldis Chapman —que había sido el héroe de dos partidos anteriores— se complicó la vida en el octavo inning y permitió un jonrón que empató 6-6, y mandó el juego a extrainnings.

Las calles de la Ciudad de los Vientos enmudecieron de espanto. La cabra Billy revoloteó en la mente de todos los simpatizantes de los Cachorros.

El alma volvió al cuerpo al marcar los felinos dos carreras en la parte alta del décimo, pero de nuevo estuvo pendiente de un hilo cuando en el cierre de esa entrada los Indios, que pelearon hasta el final, dieron un coletazo y se acercaron 8x7.

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Cuando el relevista Mike Montgomery sacó en rodado a tercera a Michael Martínez, voló la cerveza por el aire en el Bar de la cabra Murphy en Chicago, y el público congregado frente al Wrigley Field de esa ciudad rompió las barreras de contención, solo para ir a tocar con sus manos los muros del histórico estadio donde comenzó la maldición.

Hubo abrazos al suelo, lágrimas que mojaron la piedra, gente queriéndose llevar un pedazo de ladrillo. Y algunos vandalismos en otros lados de Chicago. Muy pocos, según la policía, dado el entusiasmo de una ciudad desvelada y aliviada.

“Lo matamos”, dijo el receptor venezolano de los Cachorros Miguel Montero, refiriéndose al chivo Billy. “Está hecho, ya no se puede creer en todo eso”.

108 años pasaron desde la última vez que los Cachorros habían conseguido un título de Serie Mundial.
    

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