Luis Núñez Salmerón
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Tras la final del Campeonato de Baloncesto de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB) se pueden hacer algunas lecturas.

Para empezar, la posición de la ACB de no permitir la inscripción de los refuerzos de los Trinis fue extrema, tomando en cuenta que se hizo el mismo día del cierre, aunque con horas de retraso. En aras del espectáculo, se pudo ser flexible. De hecho, la discusión sobre los refuerzos en las finales siempre estará sobre la mesa. Pero hay que hacer notar que si bien las normas sirven para regular, en casos especiales se pueden flexibilizar, sobre todo cuando está en juego el espectáculo. Esto no debe ser una puerta para revisar arbitrariedades.

La reacción del público no fue la correcta y raya en el vandalismo. La furia no se debe canalizar de esta forma. No tengo registro de una reacción así en algún juego de baloncesto nacional. Y aunque no fuera la primera vez, es totalmente censurable. La historia de los fallos arbitrales es interminable. Desde que empecé a jugar baloncesto, las trifulcas provocadas por fallos arbitrales están registradas en mi memoria. De lo que no tengo memoria es de la reacción de los fanáticos, al menos en el caso del baloncesto, y menos de reacciones vandálicas. 

Pero por muy contradictorio que parezca, en esta misma reacción también se refleja un nivel de fanatismo por este deporte, el cual va en aumento a nivel nacional.  Ya es común ver los gimnasios y las canchas llenas cuando hay juegos de primera división, e incluso torneos de maxibaloncesto, o de finales de otras ligas. 

El nivel de apoyo, más allá de los hechos mencionados, de los seguidores de los Trinis a su equipo, y de los seguidores de otros equipos, es interesante.

El baloncesto está creciendo y las autoridades no se han dado cuenta. Hay cualquier cantidad de jugadores en todo el país que esperan una oportunidad. Escuelas de baloncesto que van creciendo. Es de reconocer el esfuerzo que hacen jugadores como Pablo Buitrago, Noel McKenzie, Alvin Camacho, Ivania Arcia, Roque Castillo, entre otros, que tienen a su cargo al futuro del baloncesto nacional. Pero ¿cómo capitalizamos todos estos esfuerzos con un baloncesto dividido, y peor todavía, en pugna?

Hay apoyo económico para los equipos. Detrás de cada franquicia hay respaldo. Mantener un equipo de primera división cuesta. Pero ¿estamos siendo eficientes en la búsqueda de los recursos? Ya esto lo he preguntado, y merece ser analizado más detenidamente. Los tres deportes más seguidos en el país son el beisbol, el futbol y el baloncesto. 

Lo último. Hay un mejor nivel de juego. Aun cuando se cuestione la calidad de los refuerzos extranjeros, algo que a mi criterio es subjetivo, el nivel del baloncesto nacional es mucho mejor en la actualidad. Se puede lograr más, no hay duda, y lo demuestra que hay varios jugadores en el extranjero jugando en diferentes ligas de Centroamérica a un nivel competitivo.

Visto así, lo que pasó en la final Trinis-Tiburones nos puede dejar lecciones para aprender, pero más que eso, reflexiones para sacar del atolladero al baloncesto. Hay recursos, hay talentos, hay instalaciones, pero no estamos atinando en la dirección que debemos darle a este deporte. 

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