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Ahora puedo decir que he vivido lo suficiente. He visto ganar una Serie Mundial a los Cachorros de Chicago, algo que seguramente mi abuelo, admirador de aquella combinación de doble play “de Tinkers a Evers”, tan de moda en 1908, hubiera disfrutado. Saltando sobre una maldición de 71 años, los Cachorros han derrotado en un Clásico enloquecedor, extendido a siete juegos cargados de incertidumbre, a los tercamente combativos y terriblemente difíciles Indios de Cleveland, que no regresan al trono del beisbol desde 1948, y siguen en espera de la próxima salida del sol.

Cuántos nacieron, crecieron, se desarrollaron y se fueron a lo largo de 108 años esperando este momento. Ellos escucharon diferentes historias sobre la cabra Murphy y la sentencia de Billy Sainis, que pareció cobrar vida con el jonrón de Rajai Davis empatando el juego 6-6 en un octavo episodio del duelo crucial, en el que las emociones se encontraron encabritadas en la intersección de lo trágico con lo glorioso. Una vez más, la grandeza del beisbol colocándonos de frente a lo inesperado. Fue en ese momento en que decidí preparar dos entradas para enviarlas al periódico, cuando llegara el desenlace, si es que llegaba: una titulada “Muerta la cabra”, y otra “Maldita cabra”.

Pensé que, viniendo desde atrás en la forma que lo hicieron, con Chapman fuera de la colina de los Cachorros, y con Allen y Shaw listos para meter sus brazos a fondo por los Indios después del naufragio de Andrew Miller, los de Chicago no podrían salir del callejón de las dificultades, pero lo hicieron adelantándose 8-6, y aunque la tribu recortó 8-7 y colocó otra posibilidad de empate en segunda, Montgomery, reemplazando a Edwards, eliminó a Michael Martínez con la sangre fría de Kris Bryant para sacar el último out, finalizando el maratón de la los imprevistos. 

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Implacable

El pitcheo de Corey Kluber en el primer juego, superando claramente el esfuerzo de Jon Lester, no tuvo piedad. Ponchando a 8 de los primeros 9 bateadores que enfrentó, Kluber, con el apoyo de Andrew Miller y Cody Allen, fue el factor en la victoria por 6-0. Al caer el telón, los Cachorros estaban de rodillas revisando sus bates. Se poncharon 15 veces entre una inutilidad alarmante. Jason Kipnis y Mike Napoli decepcionados tras perder la Serie Mundial

Muerde Arrieta 

Salir de Cleveland con dos derrotas equivalía casi, casi, a salir de Moscú como lo hizo Napoleón, con sus tropas en harapos. El mánager Maddon lo sabía, y logró contar, frente a la urgencia de vencer, con un sólido pitcheo abridor de Jake Arrieta, relevos apropiados de Montgomery y Chapman, y el bateo productivo de Kyle Schwarber, para imponerse 5-1 y empatar la serie. No pudo responder a las expectativas el abridor indio Trevor Bauer con su dedo reparado. 

Duelazo

Primer juego de Serie Mundial en Wrigley Field desde 1945. Lleno completo, ruido de trompetas, júbilo indescriptible, y finalmente, ese lamento que baja de la montaña, atraviesa el río y se desvanece en el desierto, consumido por la nada. Ganan los Indios 1-0 con hit impulsador de Coco Crisp y pitcheo dominante del abridor Josh Tomlin, más el aporte de los látigos manejados por Miller entrando en el quinto, Bryan Shaw y Cody Allen. De esa forma los Indios obviaron la presencia de Hendricks, el líder en efectividad de las Mayores, y de otros cuatro brazos: Edwards el perdedor, Montgomery, Strop y Chapman, para adelantarse 2-1.

Jaque al suspenso 

Apurado por colocar a los Cachorros contra la pared, desplazándolos hacia un futuro imperfecto  y aguijonear lo intrigante, el mánager Francona recurrió a su “as” Kluber para el cuarto juego, y los Indios confeccionaron un triunfo rompecorazones por 7-2, para dejar a los Cachorros desangrándose a la orilla de la fosa. Solo 5 equipos de 44 “manos arriba”, con una pistola amartillada taladrando sus costillas, habían podido levantarse de una desventaja 1-3 en la historia de series mundiales, el último hace 31 años. ¿Por qué creer que los “maldecidos” Cachorros podrían hacerlo? Al salir del parque, el suspenso en jaque doblaba sus rodillas. La Serie parecía resuelta.

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El desborde de aficionados en las calles de Chicago El factor Chapman

Quinta batalla y quizás última. Aún sin quitarle la soga del cuello a su equipo, el lanzallamas cubano Aroldis Chapman sacó los últimos ocho outs sometido a una gran presión, y sostuvo, con su violencia escalofriante, la ventaja de una carrera, para mantener en pie de guerra a los Cachorros, estrechando la Serie Mundial 3-2, siempre a favor de los Indios. Jonrón de Kris Bryant despertó a los Cachorros, agitados solo un inning, el cuarto, realizando esa arremetida de tres carreras que fue suficiente… Los Indios se adelantaron 1-0 en el segundo por jonrón de José Ramírez y se acercaron peligrosamente 3-2 en el sexto con hit impulsador de Francisco Lindor, pero entró Chapman, y cerró puertas excediéndose en el esfuerzo, dándole forma a una esperanza estrecha. 

Sofocante

El aullido del ¡No puede ser!, fue desgarrador. Ganaron los Cachorros el sexto duelo 9-3 enmudeciendo Cleveland. Ahora la presión era compartida mientras la intriga alrededor de lo que podía ocurrir en el duelo de vencer o morir era sofocante. Una falla defensiva en el propio arranque del juego y dos grandes batazos de Kris Bryant y Addison Russell, este último con las bases cargadas, proporcionaron al abridor Jake Arrieta una ventaja de 7-0, finalmente irreversible. Aflojó Arrieta y cedió dos carreras, pero el relevo corto de Montgomery y el esfuerzo de Chapman sujetaron a los Indios hasta el estallido de dos carreras producido por el jonrón de Anthony Rizzo en el inicio del noveno. Tardíamente y sin significado, los Indios agregaron su tercera carrera en el noveno viendo a Pedro Strop y Travis Wood cerrar el juego. Los muertos, cobrando vida, estaban crecidos como amenaza.

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Enloquecedor

El séptimo y decisivo duelo lo tuvo todo para perder la cabeza mientras los nervios se retorcían. El inesperado jonrón abridor de Dexter Fowler, hecho sin precedentes en un juego crucial de Serie Mundial; la combinación de pitcheo formada por Corey Kluber y Andrew Miller, que solo había permitido cuatro carreras en toda la postemporada, fue agujereada con seis anotaciones de los Cachorros, edificando una ventaja por 6-3; el mago del fildeo, el infalible Javier Vásquez, cometió dos errores en jugadas sencillas; el mismo Báez, que no estaba bateando ni faules mientras se ponchaba hasta con la mirada del pitcher, se vuela la cerca contra un peso pesado del calibre de Kluber; el manager de Chicago, Joe Maddon, se precipita sacando a Kyle Hendrick y luego a Jon Lester; el controlado Lester lanza una pelota que se entierra, golpea la máscara del cátcher Ross y permite dos carreras; los dos relevistas más temidos de la postemporada, Miller y Chapman, fueron bateados y golpeados por jonrones, complicando en lugar de resolver; un veterano afectado por el desgaste, David Ross, se convirtió, a los 39 años, en el jonronero de mayor edad en un séptimo juego: Kris Bryant realizó dos sprints temerarios que hubieran hecho palidecer a Usain Bolt; Rajai Davis salió de las sombras y volvió a cobrar notoriedad con su jonrón de dos carreras contra Chapman, equilibrando la pizarra 6-6; hubo un retraso por la lluvia; Ben Zobrist adelantó a los Cachorros en el décimo, pero los Indios no tiraron la toalla y en el último grito del drama, volvieron a acercarse 8-7 con el empate circulando en segunda.

Díganme si todo eso junto no fue enloquecedor.

108 años sin ganar una Serie Mundial acumulaban los Cachorros de Chicago.

71 años, los Cachorros cargaron con la famosa maldición de La Cabra.

4-3 finalizó la Serie Mundial a favor de los Cachorros sobre los Indios de Cleveland.
    

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