Haxel Rubén Murillo
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Mientras Arnulfo Obando se recupera de un derrame cerebral, en el equipo de trabajo de Román González, supongo que ya deben de estar pensando quién asumirá la dirigencia en la esquina, teniendo la esperanza de que el entrenador en jefe recobre su salud totalmente y regrese al mando.

Muchas veces cuando me toca hablar de Román, he hecho la comparación quizás un poco fuera del lugar de que el muchacho es como el Barcelona de Pep Guardiola, no importa quién esté en la esquina dirigiendo, él es tan bueno que su boxeo siempre va a impactar, brindará espectáculo, y dejará satisfecho al público que lo vea. González es un prodigio, pero la piedra angular de ese prodigio se llama Obando.

Es muy fácil cambiar a un entrenador de un momento a otro, lo difícil es la asimilación de ese cambio. En ese sentido, Obando se ha convertido en algo más que un adiestrador para Román, es un amigo, un padre, un servidor esforzado, entregado, con personalidad y carácter. Algunos le quitan mérito a Obando con el tonto argumento de que Román “no muestra nada nuevo”. Pero la realidad es que no es fácil dirigir en un combate a un súper peleador como González. 

En ese sentido, Obando lo ha hecho bien y los resultados se han visto arriba del ring. Por el bien del equipo y la familia del entrenador, espero que Arnulfo se recupere, sustituirlo es difícil, además de entrenador de Román, es cocinero, protector, y sobre todo un humano humilde. ¿Cómo sustituirlo?

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