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No solo cerebral, natural consecuencia de la experiencia cultivada alrededor de habilidades que no han desaparecido, sino rápido, preciso, contundente y con una asombrosa condición física que, a su edad, 38 años, le permitió cerrar la pelea con un ritmo vertiginoso, el filipino Manny Pacquiao, se impuso claramente, sin margen para la menor discusión pese a la puntuación disparatada de uno de los jueces, Dave Moretti (114-113 a favor de Pacman), a Jessie Vargas, mexicano-estadounidense de 27 años, arrebatándole el titulo welter de la OMB.

Como en el caso de Dorian Gray, el personaje que nos dejó Oscar Wilde para recordarlo por siempre, Pacquiao debe tener en su casa un cuadro con su retrato envejeciendo, mientras él permanece intacto, siendo capaz de faenas que incluyen cortes de orejas y rabos a rivales que no sean como Mayweather, tal lo demostró el sábado en el Thomas Mack Center, en Las Vegas, ante una multitud que apreció su trabajo frente a Vargas, cobijándolo con admiración. Los otros dos jueces, marcaron 118-109 a favor del filipino, algo realista de acuerdo a lo visto.

Vargas, recortado

Se esperaba más de Vargas después de aquel cierre intenso con Bradley en su única derrota a lo largo de 27 peleas previas, desenlace que estuvo a punto de transformar, de no ser por una equivocación del árbitro, pero la caída que sufrió en el segundo asalto impactado por esa zurda precisa de Manny, lo condicionó, reduciendo drásticamente su atrevimiento. Fue por eso, que pese a su ventaja en alcance, Vargas se quedaba constantemente cortó en las extensiones de sus golpes rectos, también bloqueados por el filipino, sin necesidad de exigir un alarde de sus reflejos.

El corte en la parte interna de su ceja derecha fue otro serio inconveniente para Vargas, expuesto a repeticiones de zurda, que Pacquiao sacó del baúl de sus recuerdos, después de conseguir abrir espacios con su derecha en punta, de gran utilidad para mantener alerta a un adversario, necesitado de la temeridad de Frazier, o Leonard, para forzar una pelea brava en busca de hacer prevalecer la vitalidad de su juventud. A diferencia de Bradley, el filipino no permitió en ningún momento el crecimiento de Vargas, manteniéndolo siempre preocupado.

Geometría asfixiante

Fue llamativa la rapidez de Pacquiao. Se volcaba, golpeaba, salía, a veces aplicando un giro que desorientaba a Vargas, y quedaba de inmediato listo para contragolpear, con apropiada respuesta de sus piernas. La geometría trazada por el filipino, se convirtió en un laberinto del cual Vargas no pudo salir, refugiándose en algunos intentos que no terminaba de desarrollar porque los bloqueos y el paso atrás de Manny, lo impedían. Sin la audacia requerida para enderezar una pelea que siempre le fue desfavorable y sacar provecho de las circunstancias cuando conseguía buenos impactos, las posibilidades de Vargas se fueron desvaneciendo, hasta doblar su rey en el tablero y terminar oculto detrás de su sombra.

¿Qué pelea vió Moretti? Nadie lo sabe, pero un punto de diferencia es una aproximación al analfabetismo boxístico. El Pacquiao que vimos, fue la nueva edición del Dorian Gray que nos dejó Wilde. Hay un retrato de él envejeciendo en otro lado.

59 victorias (38 nocauts), 6 derrotas y dos empates.

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