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Arnulfo Obando, el laureado entrenador del tetracampeón nicaragüense Román “Chocolatito” González, se fajó en la batalla más dura que existe: la lucha por la vida. Llegó al último round con los guantes bien sujetados, atravesando por una operación en el cerebro, tras sufrir un derrame, como última medida para apuntarse un triunfo, luchó durante una semana empujado por ese corazón de guerrero, pero acabó cediendo. Los médicos diagnosticaron que sufrió muerte cerebral.

Sometidos a tomar la difícil decisión de mantenerlo o no conectado a un ventilador médico que le permitiera oxigenar su corazón, sus familiares decidieron que lo mejor era “dejarlo descansar”, así lo dijo Irving Obando, hijo del popular adiestrador, mientras esperaba que su padre fuese desconectado de las máquinas que mantenían su corazón latiendo artificialmente. “Él (Arnulfo) estaba cansado, su mente ya no estaba aquí, hay que dejarlo ir. Él era orgulloso, no hay que verlo sufrir, si ya se quería ir, habría que dejarlo, no podemos tenerlo a la fuerza”, aseveró el vástago de Obando. 

Orgulloso, como lo describe su hijo, pero también luchador incansable, carismático, confiable, inteligente, analista y buen amigo son algunas de las características que marcaron la personalidad de Arnulfo, de perfil bajo aun cuando lo rodeaba la popularidad. Obando tejió una buena fama, envidiable como adiestrador de grandes púgiles e imitable como persona de bien, abierto a la crítica, fiel a los buenos modales e incapaz de dejar ir a un periodista sin respuesta, incluso si eso lo comprometía, siempre dejó pistas. 

UN MAESTRO

Lo deportivo lo impulsó entre los más grandes entrenadores pinoleros, si acaso no ha sido el mejor. Su vida dedicada al boxeo, primero como púgil discreto y luego como adiestrador, rol en que indiscutiblemente cosechó grandes éxitos, le aseguran un lugar en el Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense. ¿Quién podría negar su enorme legado? A la par de un personaje como el “Chocolatito”, Arnulfo jamás ha sido opacado, su cuota de responsabilidad en la exaltación de Román González es de grandes proporciones. Se entregó día y noche a la causa del tetracampeón, al pie del cañón dando siempre el ejemplo. ¿Habrá fallado alguna vez a una práctica?, no lo creo.    

Depende el “Chocolatito” tanto de su talento como de ese personaje que lo condujo por el camino de la responsabilidad, recordándole que solo con dedicación y entrega se consiguen los triunfos. Agenda en mano, Arnulfo Obando siempre llevó los tiempos en la preparación de González, sin excesos o limitantes, con un estricto equilibro. Quién podría imaginarse a Román sin dar el peso previo a un combate, salvo cuando su cuerpo se lo pidió, Obando jamás falló en esa tarea. 

Más: Obando aún no reacciona

SUS INICIOS

Obando, quien practicó el boxeo de forma aficionada y brevemente de manera profesional, consciente de que no llegaría tan lejos como púgil, prefirió salirse del ring y se enfocó en enseñarle a los que tenían las herramientas necesarias para sobresalir. En su perfil como adiestrador sí le iba bien.

Sin embargo, su faceta como entrenador no surgió como la espuma, se abrió puertas pacientemente, con perseverancia y buena actitud hasta lograr un ascenso. Muchas veces recordó que para sobrevivir como entrenador los púgiles le pagaban entre 10 y 20 córdobas semanales. Su proyección como adiestrador se produjo gracias al empuje que le dieron Denis Morán y Leonel Acosta, según reconoció el propio Obando. Una vez que abordó el tren de ese ajetreado oficio, jamás declinó. En el 2003, después de exhibir cualidades envidiables como adiestrador, le llegó la oportunidad de estar en la esquina de un campeón nicaragüense, Eduardo Ray Márquez, quien le arrebató el título paja (105 libras) al monarca español Jorge Mata, convirtiéndose en el primer adiestrador nacional en llevar a la cúspide a un peleador de su propio terruño. Arnulfo también fue entrenador de otro orgullo pinolero, Adonis Rivas, quien logró dos títulos mundiales.

SALTO DE CALIDAD

En el 2009, Obando fungía como asistente en la esquina del “Chocolatito”, quien era dirigido por Gustavo Herrera, pero al año siguiente tomó el mando de entrenador número uno. Desde entonces comenzó a escribir las páginas más exitosas de su currículum, iniciando con la victoria de González sobre el mexicano Iván “Pollito” Meneses, en enero del 2010.

Obando estuvo al frente del equipo de trabajo de González en 22 peleas, de las cuales 13 involucraron un título, incluidas tres coronas (108, 112 y 115), lo que fue un distintivo para el experimentado adiestrador pinolero.

Su firmeza, autoridad y, sobre todo, capacidad de dirección para manejar de forma adecuada cada entrenamiento del mejor peleador del mundo libra por libra en la actualidad le permitió alcanzar un alto reconocimiento. Los logros llegaron a su debido tiempo y queda claro que detrás de un gran peleador, está un gran estratega.

El último gran éxito de Obando como entrenador se remonta al pasado 10 de septiembre, cuando vio coronar a Román González como tetracampeón mundial, tras superar al mexicano Carlos Cuadras por decisión unánime. Esa victoria, como las demás que cosechó el “Chocolatito” a su lado, le pertenecen a ese guerrero llamado Arnulfo Obando.

¿Qué es la muerte cerebral? Muerte cerebral

Las personas que han sufrido una lesión cerebral no recuperable (como traumatismo craneal o accidente cerebrovascular) son diagnosticadas con muerte cerebral, que es “el cese irreversible de todas las funciones cerebrales”, según el Sistema de Salud de la Universidad de Miami, en Estados Unidos.

Cuando alguien tiene muerte cerebral, no fluyen la sangre ni el oxígeno hacia su cerebro, por lo que este deja de funcionar totalmente. Debido a que el ventilador médico respira por la persona, los órganos como el corazón y el hígado continúan recibiendo oxígeno y pueden funcionar durante algunos días después de que el cerebro murió.

Este tipo de muerte se declara si el paciente es incapaz de respirar sin asistencia médica, carece de respuesta pupilar a la luz y de respuesta al dolor, y se interrumpe el flujo de sangre al cerebro. Una vez que se declara muerte cerebral, no hay posibilidad de recuperación, salvo un milagro, algo improbable.

Cómo se diagnostica la muerte cerebral

Se diagnostica la muerte cerebral cuando:

•     Una persona no responde a cualquier estimulación externa
•     La persona está inconsciente
•     El latido del corazón y la respiración de la persona solo pueden mantenerse con un ventilador artificial
•    Hay evidencia clara de que ocurrió un daño serio en el cerebro y no puede ser curado

22 peleas dirigió Arnulfo Obando desde la esquina a Román “Chocolatito” González, 13 de las cuales involucraron un título.

54 años la edad de Arnulfo Obando, nominado este año a entrenador del año por la prestigiosa revista “The Ring”. 

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