Alejandro Sánchez S.
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Revisando detenidamente en mi buzón de mensajes de Facebook, donde conservo algunas pláticas con Arnulfo Obando, en su mayoría de carácter formal aportándome detalles sobre las etapas de preparación de Román “Chocolatito” González en la previa de algunos de sus combates, me convenzo de lo importante que fue su presencia en el equipo del tetracampeón mundial pinolero. Estuvo para asistir a Román, como prioridad, pero también para cualquiera que necesitara de su ayuda; materializó el denominado “don de servir”.

Entre los archivos que conservo de coberturas periodísticas encuentro muchos artículos publicados en El Nuevo Diario y Diario Metro, marcas que pertenecen al grupo ND Medios, pero no dispongo de ninguna grabación en audio o video con Arnulfo Obando, lo cual me obliga a cuestionarme: ¿cómo es posible que no haya soportado esos materiales tan importantes? Tratando de explicármelo llego a una conclusión y no es justificación, Arnulfo no era una fuente común, ante cualquier cosa fue un confidente, amigo de todos, pocas veces sus declaraciones ameritaban ser grabadas, siempre habló con la verdad y jamás dejaría mentir a un periodista.

Más de una vez ambientó su firme criterio sobre un tema en particular, algunas veces en exclusiva y muchas más rodeado de varios colegas periodistas. A modo “de broma-en serio” criticó o defendió las presentaciones de su pupilo González, sin cegarse. Eso sí, apostaría lo que fuera a que el “Chocolatito” vencería a cuanto rival le pongan; cómo no hacerlo si estaba tan seguro del talento de su pupilo como de su trabajo para pulirlo. Lamento no haber conservado los audios de sus entrevistas, pero me alegra saber que no necesito de ellos para describir a ese envidiable ser humano. Guardo en mis memorias cualquier cantidad de anécdotas para recordarlo como un buen amigo.

Siempre disponible. Me sorprendió ver a Arnulfo en la mesa de presidio durante una conferencia de artes marciales mixtas, convocada por su amigo y promotor de la Nicaraguan Fighting Championship (NFC), Morlan García. “Donde hay pegue hay vamos”, me dijo sonriente, cuando le pregunté sobre su relación con la promotora de AMM. No sé realmente cuál era su función específica con la NFC, pero aún en ese terreno trasladó su conocimiento a varios luchadores que le pidieron asistencia. “Arnulfo, tengo a una muchacha (Katherine Alvarenga) que quiere pelear en las carteleras, ella no domina muy bien el boxeo, será que podés ayudarle”, le preguntó García en una ocasión y empujado por ese don de servir Obando respondió: “claro, tráela, eso sí, decile que soy estricto y que debe ser disciplinada”.

Esos eran requisitos indispensables que debía cumplir cualquiera que deseaba aprender de Obando. Me consta que Kathia se esforzó y le sacó provecho a los entrenamientos con Arnulfo, así como fue provechoso para quienes lo conocimos compartir con él. Arnulfo Obando jamás quiso figurar, fue un hombre de principios, dedicado a desempeñarse de la mejor manera en los campos que pisó. No hay otra forma de recordarlo, hay que darle mérito a quien lo merece.

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