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Cuando Neymar llegó al Barcelona, a Messi le asaltaron los recuerdos. Los de cuando sin haber cumplido los 20 se asomó a la élite protegido por Ronaldinho. Ahora le tocaba a él e hizo del ‘menino’ un cómplice y un amigo, pero mañana Argentina se enfrenta a Brasil y solo hay sitio para uno.

No es la primera vez, sin embargo, que se cuestiona si sus dos estrellas pueden compartir espacio. Con el desembarque en el Barsa de la última joya brasileña, la sinceridad punzante de Johan Cruyff puso voz a lo que muchos pensaban: ¿Podrían convivir dos gallos en el mismo gallinero?

Ambos regatearon entonces a la historia y su gusto por los duelos de divas levantando una sociedad de éxito y cara amable que un año más tarde sumó al uruguayo Luis Suárez.

En una jugada arriesgada, el Barsa había construido un tridente de astros que increíblemente podían brillar en el mismo cielo.Messi.

“Es raro que un argentino, un uruguayo y un brasileño nos llevemos tan bien, pero es así”, afirmó Neymar en el diario El País.

Aunque el cuento de hadas entrará en pausa cuando caiga la noche del jueves en el Mineirao, escenario con peligrosa aversión a los finales felices.  

De asado

En el mismo Belo Horizonte donde Brasil sufrió la peor humillación de su historia, a Messi y a Neymar no solo les separará un siglo de máxima rivalidad, sino también el peso de dos naciones donde el futbol trasciende las canchas.

Durante 90 minutos quedarán fuera las bromas que comparten en los entrenamientos, los guiños en el campo y celebraciones como la del domingo, cuando tras inventarse otro increíble gol ante el Sevilla, Messi se abrazó a su amigo agradeciéndole su asistencia.

“Cuando llegó a Barcelona me sorprendió de él su personalidad, su manera de ser, siempre alegre, feliz. Es un chico que no tiene ninguna maldad. Una persona increíble”, afirmó la ‘Pulga’ en un video publicado por la fundación de Neymar.

Ya cuando se cruzaron en la final del Mundial de Clubes de 2011, el por entonces joven delantero del Santos de cresta bicolor no ocultó su admiración por el argentino, un respeto que marcaría después su hábil aterrizaje en el vestuario del Camp Nou.

El rey era Messi y Neymar sabía que su turno solo llegaría si era capaz de aprender del mejor del mundo, mientras que el astro vio en el hábil brasileño a un probable sucesor.

El hermano pequeño y alocado aprendió rápido, tanto que el pasado enero vio desde la tribuna de los finalistas como su amigo conquistaba su quinto Balón de Oro.

Fue fuera de la cancha, en los asados en casa de Mascherano, donde se forjó la amistad del tridente de oro del Barsa y del futbol sudamericano. Tanto que cuando Messi anunció su salida de la selección, el propio Neymar le pidió que regresara por el bien del futbol. Aunque mañana se arrepienta.

Deudas

Pese a los numerosos paralelismos en sus carreras —incluso en su paso por los juzgados— Messi y Neymar poseen temperamentos asimétricos y solo el tiempo dirá si los registros del brasileño, cinco años menor, alcanzan algún día la excelencia de quien muchos consideran ya el mejor de todos los tiempos.

Máximo goleador de la historia de su selección, Argentina aguarda una vez más a Messi para que haga magia y reviva a una albiceleste que sin él es una sombra.

Antes de lesionarse contra Uruguay en septiembre, el capitán dejó al equipo líder del premundial y lo recoge ahora en el sexto puesto, fuera de los lugares para Rusia-2018.

Pero a pesar de sus números estratosféricos y de que el mundo suspire por ellos, Messi y Neymar tienen todavía muchas cuentas pendientes con sus selecciones. No habrá amigos en Belo Horizonte.

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