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En uno de los cuartos de la sala de cuidados intensivos del Hospital Vivian Pellas permanece Arnulfo Obando, entrenador de Román “Chocolatito” González, conectado a un ventilador que mantiene bombeando oxígeno a su corazón, a dispensas de un acontecimiento divino, una vez que los médicos le diagnosticaron muerte cerebral. Sus ojos están cerrados, su cuerpo inmóvil, una cantidad de cables y aparatos cubren su rostro. Su familia vive un triste drama, anoche preveían liberarlo de las máquinas que lo mantienen aferrado a este mundo, pero en consenso decidieron posponer el procedimiento para hoy miércoles, sin especificar hora.

Anoche, cuando el reloj marcaba las 9:00 llegó al centro hospitalario Edwin Obando, hijo mayor de Arnulfo, quien viajó desde Miami para despedirse de su progenitor. Vestido con un atuendo de color negro, en símbolo de luto, Edwin se dirigió a saludar a su hermano Irving, el segundo retoño de Arnulfo, a quien en una situación indeseable conoció por primera vez personalmente. Edwin reside en Estados Unidos desde los tres años de edad, según comentó Irving.

La visita de Edwin representa el último paso para proceder a desconectar a Arnulfo del ventilador, así lo manifestaron sus familiares. El primogénito del laureado adiestrador se dirigió al cuarto donde permanece su padre. Tras varios minutos de intimidad, el muchacho salió y convocó a una reunión familiar. Iris, hija del entrenador, rompió en llanto y solicita desconsolada: “No lo desconecten, creo que se puede levantar”, creyente de un milagro. Posiblemente la petición de Iris no haya sido tan incidente, pero decidieron posponer la desconexión, sin aclarar la hora para el procedimiento, pero conscientes de que hoy pondrán la vida de Arnulfo en la voluntad del Creador del cielo y la tierra.

Ocho días de lucha

obando, después del combate entre González y Carlos Cuadras.El camino hacia lo fatídico inició la madrugada del pasado 31 de octubre. Arnulfo Obando estaba en Terrabona, municipio de Matagalpa, en una visita familiar. Se levantó a las 5 de la madrugada, casi como de costumbre. A diferencia de otros días, el entrenador no se sentía bien, un fuerte dolor de cabeza le quitaba la tranquilidad, las punzadas eran incesantes. Se dirigió hacia al baño, quizás una ducha le haría bien, sin embargo, Obando colapsó, abriendo un capítulo de dolor para él y sus seres queridos.

Desde Terrabona, Obando fue trasladado a un centro asistencial en Ciudad Darío. Griselda Centeno, su cónyuge, creyó que la situación era solucionable, hasta que los médicos de la clínica dariana decidieron trasladarlo a la capital.

Unas horas después, una ambulancia lo transportó al Hospital Vivian Pellas, donde los galenos diagnosticaron que el entrenador había sufrido un derrame cerebral.

Una resonancia magnética en su cabeza reveló aneurisma cerebral. El derrame provocó que mucha sangre se regara en su cerebro, mientras los médicos debatían el momento para intervenirlo quirúrgicamente, una arteria se reventó y era necesario cerrarla, de lo contrario las consecuencias serían fatales en pocas horas. Así fue el primero de ocho días de suplicio para Obando y su familia, que en teoría terminarían anoche, con su desconexión del ventilador.

La operación

El miércoles 2 de noviembre, los galenos del Hospital Vivian Pellas decidieron intervenir a Obando, cuyo proceso quirúrgico duró casi cuatro horas. Tras la operación, las noticias fueron positivas, los médicos informaron que todo fue un éxito. Arnulfo habría ganado esa difícil batalla, sin embargo, permanecía sedado y las esperanzas de verlo en pie dependían de verlo reaccionar al pasar de un par de días, lo cual no ocurrió.

El sábado pasado los médicos decidieron suspenderle los sedantes. La familia estaba expectante, el “Team Chocolatito” esperaba con ansias una noticia alentadora, pero no sucedió. Al siguiente día tampoco hubo cambios significativos y tras una serie de exámenes, el doctor Erwin Rayo, informó el lamentable diagnóstico: “Hay muerte cerebral”. 

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