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Me dicen que tiene apenas 18 años, que hasta hoy ningún pícher lo ha intimidado, que su vista de águila le permite seguir bien los lanzamientos, que le gustan los retos, que se ha acostumbrado a darle en la nariz a la pelota, que se siente mayor de edad como bateador zurdo, y que está echando humo. Se llama William Rayo, es menudo, luego engañoso, y anoche, con un doblete limpia bases empujador de tres carreras en el octavo episodio, volteó bruscamente la pizarra y facilitó la victoria del Chinandega sobre el Bóer por 6-4. Su promedio –abrochen cinturones- es de .630 puntos consecuencia de 17 cohetes en 27 turnos con 9 remolques. Un diablito anda suelto y hace mucho daño con su bate candente.

Persiguiendo con ansiedad su quinta victoria y acariciando la posibilidad de equilibrarse con los Tigres, el equipo indio estaba adelante 4-3 con picheo combinado aunque vacilante de Carlos Monasterios y Ángel Cabrera, cuando en el inicio del octavo, Rayo, quien había conectado dos imparables en su desborde sostenido, disparó ese doblete hacia el jardín izquierdo con las bases cargadas por hit de Smith, boleto a Marval y golpe a Marvin Martínez. Ustedes ven a Rayo, y no mete miedo. Piensan que Cabrera puede metérselo en el bolsillo, pero es su precisión en el swing lo que lo agiganta. Cuando va encima del lanzamiento deja de ser un peso mosca. Hizo explosión y liquidó al Bóer que murió peleando bravamente fabricando su quinta carrera en el noveno con cuatro imparables y dejando las bases llenas con Juan Carlos Urbina en turno.

DIFÍCIL INICIO

Bajo observación, danzando en la cuerda floja sin red abajo, Carlos Monasterios, un pícher de 7.88 en efectividad en apenas 8 entradas, fue el abridor indio contra los Tigres, y antes de entrar en calor, fue golpeado por un doble casual de Curt Smith muy mal fildeado que cayó entre tres hombres, impulsando desde segunda a César Díaz quién recibió boleto y robó segunda antes de dos outs. El 1-0 fue estirado con otra carrera de los occidentales en el tercer episodio, con otro batazo productor con dos outs, esta vez conectado por Jimmy González. El agitado William Rayo había iniciado la entrada con un imparable y se extendió a segunda con un roletazo, lo que aprovechó Jimmy para asestar su estocada y establecer el 2-0.

La tristeza del Bóer fue engavetada en el cierre del tercero, cuando los Indios empataron el juego entusiasmando a unos pocos seguidores en las tribunas. Un toque maestro de Jilton Calderón sin out, fue el chispazo. Boleto a Sevilla, sacrificio de Rizo para colocar dos corredores amenazantes y cohete de Javier Robles, empujador de dos carreras, borró la diferencia. El bateo capitalino volvió a agredir al tirador de 1.80 en efectividad con par de carreras en el quinto, adelantándose 4-2 en la pizarra. Hit de Sevilla con un out y transferencia a Rizo dibujaron la posibilidad que Javier Robles supo sacarle jugo con un doblete que limpió las bases. Después de una base intencional, Frías fue retirado para entregarle la píldora a Junior Téllez, con una efectividad sospechosa de 6.83 en dos relevos y una apertura.

FLAQUEA CABRERA

El timonel indio, Juan Padilla, decidió utilizar al derecho Ángel Cabrera, dueño de una atractiva efectividad de 1.59 en cuatro faenas y cinco entradas dos tercios. El supuesto factor de seguridad flaqueó de inmediato sacudido por hits consecutivos de Jimmy y Smith, y al malograrse una opción de doble play con un out que no supo manejar Cabrera, el hit de Osmar Marval, remolcó la tercera carrera apretando 4-3 el marcador. El relevista colgó un cero valioso en el séptimo con Rayo en segunda sin out por hit y robo, ponchando a Díaz, retirando a Samson dentro del cuadro y precipitando a Jimmy quien sobre el primer lanzamiento elevó al jardín izquierdo, pero en el octavo, su pitcheo se desarmó por completo. Hit, boleto, golpe y el estacazo de Rayo, ese chavalo humeante, decidieron la batalla a favor del Chinandega. El Bóer, con cuatro hits contra Wilmer Bucardo, agregó su quinta carrera en el noveno expulsando al pícher, pero esa arremetida se quedó corta 6-5. No fueron muchos los fanáticos indios que salieron lamentándose. Llegaron pocos.

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