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La vida es como la neblina del amanecer: aparece un rato y casi sin que nos demos cuenta se esfuma. Así sucedió con Arnulfo Obando, quien ayer perdió la batalla por la vida, sucumbió en el undécimo asalto, no hubo necesidad de desconectarlo del ventilador artificial que mantenía encendidas las velas de esperanza de su familia. Un paro cardiaco terminó con 11 días de suplicio e incertidumbre, que parecieron eternos, desde que el pasado 31 de octubre sufriera un derrame cerebral que posteriormente se traduciría en la muerte total de su cerebro.

De repente es difícil comprender los designios de Dios y más complicado es aceptarlos. Este jueves, Arnulfo pudo celebrar el segundo mes de la batalla histórica de Román González contra Carlos Cuadras, celebrada en Los Ángeles, donde su pupilo se convirtió en el primer tetracampeón de boxeo en la historia de Nicaragua.

Hasta hace unos días, todo era felicidad, Obando pasaba por el momento más laureado de su carrera. Conquistó su tercera corona dirigiendo a Román; la biblia del boxeo, The Ring, lo nominó al premio de mejor entrenador del mundo y este año recibió la orden Alexis Argüello. ¿Cómo pensar que su vida iba a desvanecerse en un parpadeo? Difícil comprenderlo.

¿Cómo recordarlo?

El martes pasado tuve la oportunidad de entrar a su cuarto en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Vivian Pellas, donde se encontraba desde el día que sufrió el derrame. Arnulfo se encontraba inmóvil, conectado a una cantidad de sondas que cubrían su rostro y un ventilador médico mantenía latiendo su corazón. Mi asombro todavía persiste, me cuesta creer que hace un par de meses compartimos algunos momentos en Big Bear, Estados Unidos, donde estuvo dirigiendo los entrenamientos de Román y ahora se haya desvanecido.

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La noche del 2 de septiembre llegué a Big Bear, soportando el frío rompehuesos de esa ciudad.

Al entrar a la casa donde se encontraba Román, me encontré con Arnulfo Obando y fue al primero que saludé. El entrenador estaba cómodo, sentado en un sillón, anotando en un documento de Excel los últimos detalles de la preparación de su pupilo. “¿Qué te pasa?”, me dijo. Le contesté que no soportaba el frío. Obando sonrió, me prestó un abrigo y exclamó: “Sos dejado, maje”. Para nada me molestó, esa era su personalidad, jocoso, sincero y con una humildad exuberante, además, me calmó el frío.luis gonzález, papá del "Chocolatito", observa el cuerpo de Obando.

A pesar de estar en un lugar prominente siendo el entrenador del mejor boxeador del mundo, mantuvo un perfil bajo. No le gustó figurar, tampoco robaba reflectores, ganó fama y popularidad por su trabajo. Sobre todo, Obando se hizo merecedor del respeto y cariño de atletas, amigos y periodistas. El tiempo seguramente lo pondrá en el podio de los mejores entrenadores que nacieron en Nicaragua. Sus números dicen mucho. Algún día entrará al Salón de la Fama del Deporte pinolero.

Arnulfo Obando se rindió ante la muerte a la edad de 54 años, con su carrera en el pináculo del éxito. Ganó un título con Eduardo Ray Márquez y tres coronas con Román, las dos últimas históricas; el tricampeonato ante Akira Yaegashi y el tetracampeonato contra Carlos Cuadras, el 10 de septiembre pasado en Los Ángeles, donde dirigió la última pelea de su vida. Obando deja un recuerdo imperecedero, tanto por lo que hizo como adiestrador y como amigo, sus valores de humildad y honestidad estarán por delante. Donde quiera que estés, Arnulfo, ¡hasta siempre!

“Chocolatito” a Obando: “Cuídame donde estés”

El pasado lunes 7 de noviembre, los médicos del Hospital Vivian Pellas le comunicaron a la familia de Arnulfo Obando que su cerebro estaba muerto y, por consiguiente, debía decidir si lo desconectaban o lo mantenían ligado a un ventilador artificial. Ese día la desconexión se programó para las 4:00 p.m., Román González y su equipo de trabajo entraron al cuarto de Obando en la unidad de cuidados intensivos.

Ayer, tras conocerse el fallecimiento del entrenador, el periodista Levi Luna de TN8  divulgó un video en el que se ve a Román severamente consternado, despidiéndose de Arnulfo, con su corazón gimiendo y sus lágrimas derramándose como una cascada.

“Hasta luego, yo sé que estás con el Señor, lucharemos por ti, lucharemos y haremos las cosas bien como siempre hemos trabajado. Te amo mucho y cuídame donde estés, a la familia, al Team Chocolate. Siempre estarás en nuestra mente, te amamos mucho”, exclamaba el campeón mientras le tomaba su mano, la cual besaría, dándole el último adiós.

Pieza clave

Obando fue clave en los éxitos de Román “Chocolatito” González y el ascenso hacia la cima en el ranking de los mejores libra por libra.  En el 2009, Obando fungía como asistente en la esquina del “Chocolatito”, quien era dirigido por Gustavo Herrera, pero al año siguiente tomó el mando de entrenador número uno.

Obando estuvo al frente del equipo de trabajo de González en 22 peleas, de las cuales 13 involucraron un título, incluidas tres coronas (108, 112 y 115), la tercera y cuarta son las más importantes en la carrera del tetracampeón mundial.

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