•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Mientras los futbolistas argentinos se miraban desorientados, Tite esprintó por la banda hasta el centro del montón donde sus jugadores celebraban eufóricos el 3-0 de Paulinho. Lo habían conseguido. Al fantasma del Mineirao lo había eclipsado la luz, Brasil había vuelto para quedarse.

Antes del superclásico, el técnico de la “Selección” había reconocido que era un partido especial, el más complejo desde que en junio desembarcó en un equipo en ruinas. También dijo que aquella noche dormiría poco, quizá porque al día siguiente se examinaba frente al mundo. 

Tras llegar a la ‘canarinha’ como el cirujano que aparece en el último segundo para reanimar a un paciente en coma, Tite no solo se jugaba ante Argentina unos números perfectos, sino la ilusión de una hinchada que comenzaba a reconsiderar su divorcio con la “Selección”.

Impulsado a toda velocidad por las contundentes victorias ante Ecuador (3-0), Colombia (2-1), Bolivia (5-0) y Venezuela (2-0), el nuevo técnico había conseguido algo que solo un iluso podría haber pronosticado hace seis meses: que Brasil pasaría de estar sexto y sin sitio para Rusia-2018, a liderar el Premundial.

Pero cuando se sale del túnel de una crisis profunda, la sombra de la recaída es el invitado indeseado que se resiste a partir. Una derrota ante Argentina no hubiera sido el fin del mundo -eso ya se ocurrió hace dos años en el mismo Mineirao-, sino una irresistible invitación a las dudas para una hinchada que vive entre la depresión y la euforia.

“Más de tres años después, el equipo brasileño por fin arrancó aplausos de la hinchada y estimuló hasta gritos de “¡olé!”. La proeza, antiguamente rutinaria en las presentaciones de la ‘canarinha’, ahora es algo extraordinario, digno de registro”, escribió el veterano periodista Antero Greco en su columna del diario O Estado de Sao Paulo.

Efecto LeBron

En el tramo final del primer tiempo, Brasil dejó arrasada a Argentina. Si el primer golpe lo dio Philippe Coutinho con su tanto a pase de Neymar, la estrella de la “Selección” condenó al equipo de su amigo Messi con un gol al borde del descanso.

El ‘menino’ marcaba por primera vez en los cinco duelos que ha disputado contra su cómplice en el Barcelona -el argentino sigue llevando ventaja con seis- y demostraba que con el mejor del mundo en el campo, él también puede ser protagonista.

Aunque, mientras Messi corría solo en el desierto de un equipo que se ha dejado el alma en sus tres finales perdidas, a Neymar le arropaba un grupo en el que la fortuna ya no es solo cosa de uno.

Tite calificó en varias ocasiones de “inhumana” la presión que arrastraba la última joya del futbol brasileño, le quitó el corsé y le invitó a volar por el campo, descargado de las responsabilidades que le atenazaban con Scolari y Dunga.

Y Neymar respondió. En los cuatro partidos de la nueva era que ha disputado (contra Venezuela estuvo sancionado) nunca se ha ido sin marcar, ha repartido asistencias y enloquecido a sus marcadores con internadas frenéticas.

En el Mineirao volvió a brillar y a divertirse con el mundo mirándole, como a él le gusta.

Su aporte capital al equipo -del que es líder y mayor símbolo- no se traduce en el monopolio del ataque, donde Coutinho o Gabriel Jesús se han convertido en acompañantes de lujo. 

Grandes noticias para esta ‘canarinha’ incisiva, alegre y veloz, cuyo éxito, según su técnico, no reside únicamente en los 15 goles conseguidos en cinco partidos. Su resurrección es también la historia de un equipo que ha encajado solo uno.

“El hincha, después de mucho tiempo, no tiene motivos para avergonzarse de su selección”, cerró Greco. La pentacampeona del mundo ya no tiene miedo de serlo.

24 puntos acumula la selección ´Verdeamarella´en las eliminatorias de Conmebol, siendo líder, por delante de Uruguay (23).

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus