Haxel Rubén Murillo
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Permítanme preguntarles, ¿Sergey Kovalev y Andre Ward son mejores peleadores que Román “Chocolatito” González? Creo que usted al igual que yo, después de ver el combate del sábado entre el ruso y el estadounidense, responderá que ninguno tiene lo suficiente para destronar al arquitecto de los pesos mínimos, cuatro veces campeón del mundo.

En la semana previa a la pelea de Ward y Kovalev, se hizo mucho énfasis de que el ganador de la reyerta del sábado, podía convertirse en el mejor libra por libra, lo cual me pareció desubicado, no importando que sean peleadores de 175 libras. Por lo que vi, reconfirmé que el boxeo vive una crisis crónica y al final, esos peleadores llamados a convertirse en figuras consistentes e impactantes, terminan cayendo en el terreno de la inestabilidad, marrullería, y poca explosividad.

El sábado perdió el boxeo en general, la credibilidad del deporte nuevamente está en tela de juicio, le robaron a Kovalev, sufrió un asalto de los jueces. Ward no ganó, el hombre que más triunfó es el Chocolatito, su boxeo exquisito, de ribetes espectaculares, atacando constantemente, tomando riesgos sin temor a soportar castigo, se ha convertido en una referencia, haciendo una protesta a los promotores que pagan millones a pesos grandes, cuando el espectáculo lo ofrecen los boxeadores pequeños.

Román sigue siendo el mejor del mundo, sin dudas, sin cuestionamientos burdos, ni Ward, ni Kovalev, ni Golovkin, son una amenaza para el nicaragüense. Lo valioso de la distinción de González es que es un 115 libras, que empezó en 105, y desde entonces no ha parado de impactar en todos los escenarios. La pelea entre Kovalev y Ward, no fue ni la sombra del enfrentamiento que ofrecieron Román y Carlos Cuadras el 10 de septiembre. El pleito que apuntaba ser el mejor del año, terminó siendo un duelo carente de emociones, reafirmando el reinado del Chocolatito, originario del Barrio la Esperanza.

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