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¡Qué juego amigos! Terriblemente confuso, sin saber cómo se abría y se cerraba el piso, con los edificios cayendo, las columnas de humo elevándose, las ruinas multiplicándose, las esperanzas deshilachándose, los errores incidiendo, algunos fallos arbitrales frunciendo ceños como el out en el plato de Montes en el octavo que hubiera adelantado al Bóer, el público rascando sus cabezas, y la angustia aullando. Ganaron los Tigres.

¿Cuántas veces murió el Bóer? No sé. Quizás mil. Pero queda el recuerdo de la última, la que fue definitiva, consecuencia de uno de sus tantos derrumbes de defensa y pitcheo en el octavo. Con un out, Cáceres perdió una bola que pudo ser para doble play cierra inning sin carrera y el campamento indio ardió con el brazo descontrolado de Elvin Ramírez convertido en un harapo. Tres carreras de caballito y una cuchillada de Smith, sepultaron definitivamente al Bóer 17 por 11, aunque logró conservar esos dos valiosos juegos de ventaja sobre el Oriental, vencido por Rivas.

RUGIDO Y FUERTE RESPUESTA

Los Tigres rugieron en el propio inicio con doble del humeante Munguía y otro cohete impulsador del mismo tamaño disparado por el temido Smith. El abridor zurdo Raúl Ruiz pareció apreciar ese pequeño apoyo trabajando dos ceros, pero en el tercero, salió atormentado mientras los Indios fabricaban cinco carreras, agrietando el entusiasmo de una multitud próxima a llenar las tribunas en Chinandega, como saboreando anticipadamente la posibilidad de ver a su equipo asegurado en la final.

En la azotea del tercer episodio flaqueó Ruiz. Con un out, el Bóer llenó las bases aprovechando sencillos seguidos de Sevilla y Cacéres, y boleto a Everth. Hit de Frías por la izquierda y falla del jardinero Rayo perdiendo control de la píldora, facilitaron las primeras dos carreras al Bóer, haciendo girar las cifras de 0-1 a 2-1. Cabrera fue out por regla al ser golpeado circulando hacia tercera por batazo de Janior, pero el Bóer continuó con cohete impulsador de Mateo y doble de Giménez al rincón del jardín derecho, ampliando la ventaja de la tribu 5 por 1. Eso sí, era muy temprano para hacer sonar los tambores.

CHINANDEGA CONTRAGOLPEA

Y quedó demostrado de inmediato, cuando Chinandega en el cierre, respondió con cuatro carreras frente a un pitcheo tambaleante de Boshers, quien entró al juego con 5.92 en efectividad en apenas 24 entradas y un tercio. Golpe a Jimmy, hit de Montiel y base a Smith cargaron los costales para Yurendel De Caster, quien bateó para doble play mientras Jimmy anotaba la segunda carrera del Chinandega. Se trataba de sacar un out para evitar más daño pero el tirador derecho fue golpeado por hits seguidos de Marval, Ricardo y López, acercando al Chinandega 5-4, rascando las espaldas de los Indios.

La siempre insegura defensa de la tribu, se hundió estrepitosamente en el quinto cometiendo tres errores, uno de Mateo viendo pasar una pelota bateada por Smith debajo de su guante, otro muy parecido de Sevilla en segunda sobre bola empujada por Jesús López, y el tercero de Sevilla, al no poder sujetar una bola aérea controlada. Dos hits del Chinandega disparados Yurendel y Jimmy y un golpe, completaron un agregado de cinco carreras y los Tigres se adelantaron 9-5.

EL BÓER RESUCITANDO

Nunca crean que no hay nada que discutir en este beisbol. El Bóer regresó a la pelea marcando tres carreras en el sexto por triple limpia bases de Cacéres sin out remolcando a Robles, Rizo y el emergente Jilton Calderón. La tranquilidad de los Tigres había desaparecido. La ventaja era ahora de solo una carrera 9-8. La intriga volvía a danzar. El inmenso jonrón solitario de Marval en el cierre del sexto contra Polanco, estiró la pizarra 10-8, y la carrera, y en el séptimo con dos outs y bases limpias, base a Munguía y doble de Jimmy que parecía un out corrido por Robles hasta la raya del jardín derecho, aumentó 11-8.

¿Guardar los bates? Con seis outs pendientes, el Bóer no lo hizo. Imparables seguidos de Jilton y Cacéres, y doblete de Frías con el agregado de un error en tiro después de ponche a Everth, estrechó la diferencia 11-10. El Bóer empató en el octavo y casi se va arriba, pero se lo impidió un fallo equivocado en el plato. En el cierre, el derrumbe total. Fatal defensa y peor pitcheo. Los Tigres fabricaron seis carreras para imponerse 17-11. Fue la última muerte de los Indios.

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