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Siempre me he preguntado ¿cómo las Grandes Ligas podían jactarse en aquellos tiempos de ser el mejor beisbol del mundo sin peloteros negros y con escasez de latinos? ¡Qué interesante y, por supuesto, espectacular, hubiera sido ver a Babe Ruth fajarse con Joshua Gibson jonrón por jonrón, como lo hicieron en la recta final de los años 90, Mark McGwire y Sammy Sosa! Frente a lo discutible, las especulaciones caen encima de nosotros con una fluidez creciente:

¿Hubiera sido Gibson un bateador de 700 jonrones? ¿Cómo habrían brillado Satchel Paige y Martin Dihigo? ¿Y qué decir de la rapidez capaz de enloquecer que exhibía James “Papa” Bell? Podemos seguir con más preguntas por los siglos de los siglos, pero no es el caso. Las agallas y la calidad de Jackie Robinson evitaron que Willie Mays, Bob Gibson y Barry Bonds permanecieran ocultos. Tenías que ser latino-blanco como Adolfo Luque para conseguir espacio.Roberto Clemente fue el primero en ingresar a Cooperstown.

El Salón de la Fama abrió sus puertas en 1936 y fue necesario esperar 37 años después del aterrizaje de Ty Cobb, Babe Ruth, Walter Johnson, Christy Mathewson y Honus Wagner en aquella brillantísima primera promoción, para poder ver al primer pelotero latino en Cooperstown. Como un designio del destino, fue Roberto Clemente en 1973, en condiciones especiales por la forma en que murió, el primer latino en ingresar a Cooperstown. Para que eso ocurriera fue necesario colocar a un lado la reglamentación que exige cinco años de retiro. La justificación: un reconocimiento a la combinación perfecta de superación, excelencia y sacrificio, que mostró el boricua mientras avanzaba fructíferamente por una carretera de 38 años.

SUFICIENTES MÉRITOS

Eso sí, lo merecía. Clemente construyó cifras impresionantes a lo largo de una carrera revestida de signos de admiración. Alguien como él, capaz de cuatro títulos de bateo, cuatro temporadas conectando más de 200 hits, 12 guantes de oro, un título Más Valioso en 1966, agregado al Más Valioso obtenido en la Serie Mundial de 1971, un porcentaje de .317 puntos a lo largo de 18 años con 240 jonrones, no admitía ser sometido a discusión. Así que, Clemente obtuvo post mórtem 393 votos de un total de 424, registrando un llamativo 92.7 por ciento de aceptación saltando encima de la rigidez de las reglas. Sin embargo, los latinos continuaron pareciendo “no muy gratos” entre el periodismo norteamericano. Hasta hoy, solo nueve peloteros latinos, siete vía directa, se encuentran en la catedral del beisbol: Clemente, Martin Dihigo, Juan Marichal, Luis Aparicio, Rod Carew, Orlando Cepeda, Tany Pérez, Roberto Alomar y Pedro Martínez.

En 1977, por una gestión del Comité de Veteranos, Martín Dihigo, considerado por muchos como el atleta cubano del siglo, un negro de asombrosas facultades que podía desempeñarse con eficacia en todas las posiciones, pero bloqueado por la discriminación racial, fue incorporado al Salón de la Fama. De esa forma se convirtió en el segundo latino en Cooperstown. Cinco años después, en 1982, cuando Juan Marichal apareció en escena como aspirante, que todos lo dimos por un hecho. Cómo dudar que un tirador como el dominicano, con seis temporadas ganando más de 20, incluyendo totales de 25 y 26 victorias, con impresionantes actuaciones en Juegos de Estrellas, 2.89 en efectividad a lo largo de 3,506 entradas, constructor de un no hitter contra los Colts de Houston, no sería inducido. Hank Aaron y Frank Robinson se robaron la atención de los votantes oscureciendo a Marichal, pese a que bien hubieran podido ser seleccionados los tres. De manera que Marichal tuvo que esperar un año para entrar a Cooperstown en 1983, con 313 votos de 374 posibles, registrando un 83.7 por ciento.

El panameño Rod Carew entró en la promoción  de 1991.APARICIO FUE EL CUARTO

Al año siguiente, 1984, sobreviviendo a varios rebotes, el estupendo paracorto venezolano Luis Aparicio, un excepcional robador de bases que manejaba con precisión de arquitecto el sentido del tiempo y la distancia mientras desequilibraba emocionalmente a pitcheres y catcheres para conseguir nueve lideratos, también un bateador de 2,677 hits y dueño de un guante prodigioso, aterrizó en la pista de Cooperstown. El panameño Rod Carew tomó turno al bate en 1991. No hubo forma de hacerlo abanicar. Con 401 votos de 447 disponibles después de obtener siete cetros de bateo, y registrar un porcentaje de .388 puntos durante un feroz y apasionante ataque a los .400 en 1977, Carew aseguró su butaca en la Catedral. El panameño que disparó 3,053 imparables, ha sido, sin la menor duda, el bateador latino de más tacto que nuestros ojos han visto, prácticamente imponchable, capaz de acertarle a un insecto en pleno vuelo con una línea entre dos o hacer pasar un roletazo por el ojo de una aguja.

Con su paciencia agotándose en las votaciones regulares que se extendían a 15 años antes del recorte a 10, y sus debilitadas esperanzas en manos del Comité de Veteranos, las puertas se abrieron en 1999 para el boricua Orlando “Peruchín” Cepeda, de poder destructivo. Fue un bateador de 379 jonrones con 1,365 empujadas, un título Más Valioso, cifras máximas de 46 vuelacercas y 142 remolques, un total de 2,351 hits a lo largo de 17 temporadas retando lesiones e inconvenientes. No tenía por qué entrar sigilosamente por la puerta del patio. En tanto, Tany Pérez quien se retiró en 1986 y estuvo presionando desde 1991, logró ingresar en la promoción del año 2000. El implacable productor de carreras, gran factor de Máquina Roja, quien cerró una carrera de 23 años con 379 jonrones y 1,652 empujadas, más que Mantle, DiMaggio y Mike Schmidt, promediando 279 puntos en 2,777 juegos, fue seleccionado en la votación que dominó ese bravo receptor que fue Carlton Fisk.

ENTRAN ALOMAR Y PEDRORoberto Alomar ingresó con el 90 por ciento de votos.

Al “estilo” de Jesse James, pistola y mano pero sin pañuelo cubriendo su rostro, el puertorriqueño Roberto Alomar entró al galope en el Salón de la Fama de Cooperstown en el 2011, levantando su brazo derecho en medio de la polvareda, como también lo hizo Bert Blyleven, quien dibujaba curvas más pronunciadas que las de Jennifer López desorientando bateadores. Los expertos en valoraciones que le cerraron las puertas de Cooperstown al impresionante Alomar en enero del 2010, se las abrieron en el 2011, otorgándole 523 votos, equivalente al 90 por ciento de aceptación.

Finalmente, Pedro Martínez en el 2015 como parte de un póker de ases que incluyó a Randy Johnson, John Smoltz y Craig Biggio. Es natural preguntarse: ¿Qué tanto más hubiéramos visto de Pedro Martínez sin sus problemas musculares? ¡Uhhh! Pedro fue un pitcher de presencia física discreta, calma sanguinaria y una precisión para retorcer bates con sus recursos variados, sencillamente impresionante. Pudo ganar cinco Cy Young, pero dos veces fue desplazado al segundo lugar y se conformó con tres. Sus 219 victorias lo dejaron detrás de Denis Martínez, Juan Marichal, Luis Tiant y ahora Bartolo Colón, pero es el único latino con más de 3,000 ponches y una efectividad increíble de 2.93. Pedro lanzaba siempre con el corazón y si era necesario lanzaba su corazón hacia el plato. ¿Cómo medir correctamente su grandeza? Su contribución a terminar con la maldición de los Medias Rojas fue decisiva.

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