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Yo pensaba que no había forma de vencer a “Chocolatito” González. Su brillantez entre las cuerdas, cegadora, lo aproximaba a esa perfección que nadie ha podido alcanzar, ni Ray “Sugar” Robinson. Siempre me dio la impresión de poder encontrarle solución a todos los problemas que se le podían presentar, incluyendo hasta una caída sorprendente y cortes peligrosos en su rostro, al mismo tiempo como ocurrió el sábado. Ese fuego capaz de incendiar cualquier ring del mundo, esa intensidad para poner presión sobre el rival, esas ejecuciones tan precisas en media y corta distancia, ese dominio de la geografía del cuadrilátero, y sobre todo, esa confianza exuberante en su gama de recursos, le permitían disponer siempre del antídoto adecuado. No, no hay forma de derrotarlo, me decía una y otra vez, frente a un espejo imaginario.

CULPABLES VISIBLES

Qué ingenuo estaba siendo. ¡Claro que había una forma! La única: despojándolo. No es culpa del aguerrido tailandés Srisaket Sor Rungvisai, ni de su nuevo y joven adiestrador Wilmer Hernández, ni de la caída, los cortes, el bajón de ritmo en el round 10 o la computadora cuyas cifras lo favorecen claramente. La culpa es de jurados sin el nivel de competencia que se requiere para juzgar un combate, la culpa es de quien o quienes, irresponsablemente, colocan a observadores tan distorsionados como Feldman, Lederman y Roldan. Y menciono a los tres aunque la decisión fue mayoritaria, porque ese empate, también fue algo absurdo. Un fallo insólito más en el planeta boxeo.

¿Cómo diablos no pensé en esa posibilidad tenebrosa después de haber visto tantas afectaciones? Whitaker fue despojado frente a Chávez y De la Hoya, en tanto a Oscar le quitaron su invicto salvando el de Trinidad. Pobre Ken Norton asaltado en una de sus peleas con Ali, y Márquez frente a Pacquiao. Y la lista es larga. Se subestima al público que sabe lo suficiente, se percata y abuchea fallos disparatados, se daña al deporte y se le asesta una puñalada al atleta. Es entonces que el Lobo de Gubia gime y se siente desarmado.

PRESIONAR Y PRESIONAR

“Chocolatito” derrotó a Rungvisai por encima de todas las adversidades. Como los espartanos, el pinolero solo se preocupó por levantarse de la lona y estar quitándose la sangre de su rostro, para volver a empezar y continuar su recuperación del botín. Esos inconvenientes, no iban a alterar su propuesta de ejercer presión. Una prueba de ello es que solo se acordaba del deterioro sufrido, cuando era sometido a intentos de reparación en su esquina por parte de Miguel Díaz. El daño no recortó la capacidad de agresión del pinolero, pero lo obligó a pelear en desventaja desde bien temprano.

Vea más: La derrota de “Chocolatito” en imágenes

Después de atravesar el susto de la caída en el propio asalto inicial, era necesaria una señal de enderezamiento lo más pronto posible, y Román, haciendo regresar al punto de equilibrio su sistema nervioso en un segundo round raramente especulativo porque Rungvisai no fue capaz de ir a fondo, informó en el tercero, que había decidido ir en busca de su punto de combustión lo más pronto posible, con suficiente energía, determinación y precisión. Pese a ser cortado encima de la ceja izquierda por un cabezazo y sangrar profusamente, Román se encumbró a partir de ese momento, que fue clave para garantizar la restauración del David de Miguel Ángel, entre dificultades. “Chocolatito” lo logró, aún bañado en sangre, consecuencia de aberturas provocadas por otros cabezazos del tailandés, que por lo visto, debe practicarlos. Y no se detuvo batallando fieramente.

Lea más: El análisis de Edgard Tijerino sobre la derrota de González

¡QUE AUDAZ FUE!

Todos vimos cómo la audacia del “Chocolatito” alcanzó el nivel de grandiosidad, haciendo una propuesta de sostenimiento de cambios de golpes, realizando persecuciones, saliendo de las sogas, estableciendo pautas, exponiéndose a recibir castigo sin temores, con tal de hacer llegar sus golpes, esencialmente esa derecha tan aplicada y dañina. Si alguien llegó a tener alguna duda de su firmeza entre las brasas, la desvaneció por completo con ese  crecimiento despreciando la cautela. Ahí estaba el tamaño de su corazón guerrero, inflamado, frente a nuestras miradas asombradas, viéndolo construir una remontada espectacular. Qué triste y por supuesto lamentable fue verlo víctima de un asalto por parte de una evidente ignorancia boxística.

Yo creía que no había forma de vencer a Román, pero sí la hay, y es despojándolo. Única forma hasta hoy.

No hay otra.

Además: El round por round de la pelea

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