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El futbol fue justo con Nicaragua, que desde el primer minuto buscó la victoria, y con Juan Barrera, el hombre que desde el silbatazo inicial persiguió el gol hasta alcanzarlo en los últimos minutos. Anoche, el Estadio Nacional de Futbol  --  ese que aún no termina de ser construído -- fue testigo de la hazaña más grande del balompié nicaragüense.

Nicaragua propuso y al final de la noche, cuando las esperanzas se habían desvanecido, Barrera con tres goles obró el milagro ante Haití, remontando el 3-1 adverso del partido de ida en Puerto Príncipe, dándole vuelta al global 4-3.

¿Pueden creerlo? Se necesitaban dos goles y el “Iluminado” marcó tres en la agonía del desafío. ¡Increíble!

De la primera parte del encuentro, poco hay que reprocharles a los muchachos de Henry Duarte, pues cumplieron “dominando el partido desde el principio”, como lo había anunciado el técnico en previo al desafío. A diferencia del inicio timorato en Puerto Príncipe, el arranque en Nicaragua fue una obra protagonizada, casi en su totalidad, por los locales. Fue todo una versión antagónica de lo ocurrido en suelo Haitiano. La Nicaragua sin identidad del primer juego, fue esta vez una selección dominante, y la Haití empoderada del duelo de ida, una selección sin ideas, sin control del balón.  Juan Barrera anota el primer gol para la azul y blanco contra Haití.

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Desde el minuto dos, cuando Josué Quijano con un potente disparo de pierna derecha lanzó la primera advertencia, se supo que la Azul y Blanco estaba dispuesta a buscar el gol que les proporcionara tranquilidad y que metiera en zona de total inquietud a los caribeños. Tres minutos más tarde fue Luis Manuel Galeano, quien con un cañonazo desde fuera del área que se estrelló en el travesaño, terminó de confirmar que sería Nicaragua quien impondría el ritmo de juego.

El empuje del onceno nicaragüense fue comandado por Juan Barrera y Carlos Chavarría, los mismos que en el minuto quince se combinaron en un contragolpe que terminó en un disparo fallido del atacante del Real Estelí. Siguió el “Iluminado” buscando el gol, como quien busca un tesoro con la seguridad de poder encontrarlo, fue él quien tuvo el mayor protagonismo, exhibiendo habilidad, dominio del juego y una determinación inquebrantable. Peleó todos los balones que pudo, recuperó, buscó filtrar pases, se combinó con otros, pero no pudo concretar.

Contando con el accionar laborioso de Chavarría, Barrera, Galeano y Quijano, Nicaragua lograba fabricar jugadas de peligro, encerrar a los haitianos y aproximarse tanto al gol, pero la efectividad volvió a brillar por su ausencia. Se logró generar peligro pero no sumar goles a la cuenta que era lo que más se necesitaba.

El entrenador Henry Duarte celebra con la Azul y Blanco.Ver galería: Nicaragua a la Copa de Oro

Ocurre lo imposible

Con Nicaragua falta de efectividad, se entró a la segunda mitad del encuentro navegando en un mar de incertidumbre.

Sin embargo, haciendo valer las declaraciones de Duarte que antes del partido dijo: “las esperanzas permanecerían intactas hasta el último minuto del juego”, Nicaragua mantuvo el ritmo, aprovechando lo desconcertada que lucía la selección de Haití.

El tiempo avanzaba implacablemente y con él las posibilidades también se alejaban. Pero de pronto, la justicia del futbol se hizo presente y empezó a premiar al mejor equipo del partido y al mejor jugador. En los últimos minutos, ya cuando lo difícil empezaba a ser considerado imposible y la idea de estar en la Copa Oro se convertía de forma inminente en un sueño incanzable, apareció Barrera, el capitán que buscaba sin parar el gol, encontrando el tesoro.

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Todo comenzó en el minuto 84, cuando una falta en el área contra Luis Fernando Copete fue pitada por el árbitro central y Nicaragua era beneficiada con un penal. ¿Quién el indicado para disparar? Nadie más que Barrera, por su calidad y porque se lo merecía. Con una multitud cobijada por el suspenso, el delantero definió con frialdad y puso el 1-0, estremeciendo los cimientos del estadio y empezando lo que minutos más tarde sería una remontada histórica.

Ahora, estando tan cerca del milagro, no podía dejarse de insistir como se hizo desde el principio. Nicaragua siguió buscando la proeza y la encontró al 86 en la cabeza de su “Iluminado”, quien de espaldas a la cancha y aprovechando una salida vacilante del arquero haitiano marcó el segundo gol, el tanto que daba el pase a la Copa Oro. Fue en ese momento que la Nicaragua beisbolera y amante del boxeo se rindió ante un grupo de muchachos que sobreponiéndose a las malas condiciones que se les ofrecen, sacaron oro de donde se creyó que solo había barro.

Obra de arte

Con el boleto en el bolsillo, pero con Haití buscando la prórroga, los dirigidos por Duarte no bajaron la guardia. Fue cuando el artista de la noche terminó su obra con una pincelada maestra al minuto 89. Barrera, distante del área caribeña, recibió un pase con el pecho, la bola rebotó en el terreno y él la hizo avanzar con la cabeza, luego la tocó con la rodilla para acomodársela y al instante definió de forma magistral con su pierna izquierda, clavando el tercer gol, el que culminaba una noche mágica.

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