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Cuando Henry Duarte asumió la dirección técnica de Nicaragua, pocos le creyeron su discurso de positivismo, explicando que en el país había jugadores con talento y que se podían alcanzar grandes resultados. Dos años después, la obra del costarricense es palpable. Anoche, frente a los periodistas, Duarte con el corazón hinchado de orgullo se desbordó de alegría, lloró al recordar a sus padres y también calló a sus críticos.

 “Me siento contento por los jugadores, han podido hacer su trabajo las cosas bien, jugaron bien contra un equipo muy físico, que también tiene buen manejo de la pelota, pero nos habían parado a punto de golpes. Lo importante es que Nicaragua intentó, siguió manejando el balón, los goles cayeron porque debía pasar, se los dije a mis muchachos”, comentó Duarte en sus primeras palabras para la prensa.

“Me siento bendecido por Dios, porque me ha dado la oportunidad de vivir esta fiesta con el pueblo nicaragüense. Sé que muchas decisiones mías no les han gustado, pero les he demostrado que tengo la razón, hoy no ha hecho falta ningún jugador (refiriéndose a las ausencias de Jaime Moreno y Franklin López). Esta remontada era única y exclusivamente para grandes, Nicaragua al menos esta noche se ha puesto la etiqueta de grande”. 

“Nicaragua demostró manejo, que está para grandes cosas, ha sido un gran juego porque el rival nos exigió. Desde que fui muy niño mis padres creyeron en mí, siempre me apoyaron, mi madre me dijo de 17 años, vaya siga sus sueños. Me dolió dejarla sola, me fui a Europa, mi mamá sería la más orgullosa. Voy a seguir buscando jugadores, este país tiene mucho potencial, pero están mal acostumbrados a que les den, nada es regalado”, finalizó el costarricense con lágrimas en sus ojo,s pero feliz de conquistar un triunfo histórico.

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