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Juan Carlos Ramírez está consciente de lo difícil que es abrirse paso en el beisbol moderno entre tantos competidores, con tantas lupas encima observando cada uno de tus movimientos, constantemente atormentado por las cifras, y sobre todo, sometido a los nuevos indicadores. Mientras tratas de juntar facultades, temperamento, proceso evolutivo y rendimiento, los retos, las dificultades, te hace sentir en un campo minado. Nadie puede ayudarte, solo tú mismo, como decía David Foster Wallace, agregando: tú eres el responsable que tu vida tenga sentido.

Algo de eso está ocurriendo con el derecho de bolas rápidas y suficiente atrevimiento, que está tratando de sacarle máximo provecho a la oportunidad ofrecida por los Angelinos de Anaheim –no me gusta Ángeles de Los Ángeles–, para establecerse en el beisbol más exigente del planeta. Y el miércoles frente a la batería quitasueño de los Astros de Houston, que reúne a José Altuve, Josh Reddick, George Springer, Evan Gattis y Brian McCann, sin subestimar a Yulieski Gourriel, el tirador derecho pinolero de 6 pies 4 pulgadas, capaz de sostenerse encima de las 95 millas, y casi 29 años, en su cuarta temporada esforzándose por hacerse notar, realizó un alarde de picheo funcionando como abridor.

PICHEO MACABRO

Después de cuatro entradas, J. C. Estaba 1-1 con el “as” de Houston, Dallas Keuchel, un ganador de premio Cy Young, pero mostrando una autoridad. Ocho ponches en ese corto trayecto, incluyendo cinco consecutivos, era un picheo destructivo. Juan Carlos finalmente perdió luego de admitir una carrera en el quinto y otra en la apertura del sexto, pero lo esencial es que dejó una gran impresión sobre sus proyecciones como abridor. Fue apenas una señal, pero alardeando con su control, poder y dominio. Ponchó a nueve en cinco innings y un tercio y solo cedió un boleto.

Independientemente de todos los indicadores imaginables, el porcentaje en efectividad continúa siendo la mejor medida del buen picheo. El 6.46 de J. C. mejorando un poco ese carcomido 7.20 que lo cobijaba, está distante de la zona de confianza de un picher, trazada alrededor del 3.00, pero verlo fajarse un buen rato con Keuchel, un tirador de 3-0 con 0.96 en carreras limpias, tiene significado. El récord de ponches en un juego para un nica es de 11 en poder de Vicente Padilla, agregando cuatro trabajos de 10, que es la máxima cifra de Denis Martínez, registrada cuatro veces, en tanto Erasmo Ramírez también ha llegado a la decena en dos faenas. De seguir funcionando como abridor, Juan Carlos podría superar los 11 de Vicente. Quizás estemos en presencia del inicio de una gran historia. ¡Ojalá!

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