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Viajé a Baltimore aquel mayo de 1982 para estar en la serie Orioles-Gemelos, con el propósito de realizar una serie de notas sobre los tiradores pinoleros Denis Martínez y Albert Williams. No estaba programado un enfrentamiento entre ellos, pero Williams fue adelantado, y cuando doña Helen Cunklin, relacionista de los Orioles, me entregó en el palco de prensa del Memorial Stadium la información sobre el juego del día siguiente, mi sorpresa fue mayúscula: Denis se fajaría con Albert, en lo que sería el primer duelo de nicas en la historia de las Mayores. 

¡Esto es histórico para nosotros! le hice ver a doña Helen, quien durante varios años me atendió muy bien. Dos nicas frente a frente. Vaya exclusiva que tenía para Doble Play en La Voz de Nicaragua, mientras enviaba una nota al diario Barricada. Doña Helen modificó la información agregando el detalle, que solo a nosotros nos interesaba: duelo de nicaragüenses. Esa mañana, en el Hotel Hilton, cuartel de los Gemelos, conversé con Albert y más tarde, ya en los vestidores de los Orioles, lo hice con Denis. Ambos, cobijados de confianza, compartían la serenidad.

Los dos explotaron 

Emocionalmente alterado, fui hacia la intriga natural: ¿Qué tal duelo será? Y lo imaginaba recordable. Nada de eso. Denis solo estuvo 2 entradas y un tercio facilitando 3 carreras, todas limpias consecuencia de 6 imparables con 2 ponches, entregándole la pelota a Jim Palmer, finalmente perdedor al permitir otras 3 carreras en solo 2 episodios. Los Orioles, que se adelantaron contra Williams en el cierre del primer inning por hit impulsador de Terry Crowley, estaban al frente 6-3 después de seis entradas.

Williams se extendió un poco más y salió después de 3 episodios y un tercio, afectado por 3 carreras limpias producto de 6 cohetes, entre ellos un jonrón de John Lowenstein. Fue reemplazado por Bobby Castillo y Ron Davis, sin tener nada que ver con la decisión favorable a los Gemelos 8-7, igual que Denis. Tomando con calma sus naufragios, Denis y Albert consideraron que no pudieron orientar su pitcheo, lamentando haber dejado pendiente el probable duelo con olor a pinol y algo de rondón.

Los dedos me pesaban

Rumbo a una de sus cuatro temporadas de 16 victorias, Denis presentaba balance de 3-3 con una efectividad sospechosa de 4.81, en tanto Williams, quien cerró con 9-7, registraba 2-2, con 3.67 en carreras limpias. Pocas veces me he visto tan desarmado por falta de estímulo al escribir una nota que esa noche del 18 de mayo de 1982 en Baltimore. Nada de lo que había imaginado. Ni Denis ni Albert proporcionaron algo llamativo para agitar el resorte de la inspiración. Los dedos me pesaban y las ideas se trababan. Así que, golpeando mi máquina de escribir, cada tecleada parecía el quejido de un muerto.

¿Qué pasará hoy entre Juan Carlos y Erasmo? Imagino algo mejor que aquello. ¡Ojalá! 

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