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Frente a la edición número 200 del semanario DEPORTES, pensé: Qué diferente es sentirse estimulado escribiendo victorias, que andar por ahí, en un campo de derrotas saltando sobre frustraciones, soltando lamentos. En el año de 1977, durante los II Juegos Centroamericanos en San Salvador, lo nuestro fue catastrófico con apenas 43 medallas ganadas, para quedar sepultados en el último lugar. En 1986, en Guatemala  se produjo un cambio tan drástico que nos sorprendió: se obtuvo 108 medallas, en un salto hacia el futuro tan espectacular, como el Bob Beamon en longitud, durante los Olímpicos de México en 1968.

La actuación pinolera en ese, para nosotros, reluciente 1986, superó los cálculos más optimistas. Es cierto que ayudó decididamente la ausencia de los atletas panameños, siempre superiores en suma de esfuerzos al resto de Centroamérica, ridículo sería negarlo, pero la euforia por los resultados registrados quedó plenamente justificada. El deporte nicaragüense estaba enviando una señal en el vecindario.

El departamento de actividades Deportivas del IND, con el trabajo entre otros de Marlon Tórres y Rolando Cerda, por medio de un estudio pormenorizado, había calculado un total de 78 medallas y se conquistaron 30 más. Hay que explicar que ese estudio se hizo considerando que los panameños estarían en pie de lucha, no al margen de la cuartilla, lo que naturalmente transformó las perspectivas, mejorando las posibilidades de todos.

Fue clave la preparación 

Se llegó a decir, a manera de explicación sobre lo sorprendente que nuestros atletas habían sido adiestrados en Cuba, Bulgaria, la RDA y la URSS, siendo afilados largo tiempo por grandes entrenadores. Es cierto que se garantizó un constante fogueo nunca antes realizado, y que se utilizó conexiones para contar con un apoyo técnico lo necesariamente adecuado, pero todavía había problemas que resolver en lo referente a métodos de entrenamiento, planes de desarrollo, sistemas de reconcentración y disponibilidad de instalaciones, una gran debilidad. Lo que era evidente es que había mejorado las condiciones para la práctica del deporte en Nicaragua y los primeros resultados saltaban a la vista.

Cuando Mauricio Orozco en forma sorpresiva logró la primera medalla de oro para Nicaragua, nadie sospechaba que se superaría la barrera de las 100. Sin embargo como bien se apuntó posteriormente, Frank Almendarez después de asegurar el oro en el relevo de 4 por 400, esa medalla de Orozco fue la inyección de vitaminas que estimuló al resto de la delegación y demostró que no había imposibles.

“Estoy sorprendido de los resultados obtenidos en lucha y tiro, impresionado por las 22 medallas en pesas y satisfecho del rendimiento registrado en atletismo, ping pong y ajedrez, además de conocer el gran esfuerzo desplegado por el fútbol”, dijo en la Villa Centroamericana, al momento de amarrar sus “alforjas” para regresar, el Doctor Yamil Zuñiga, Director General del IND, en tanto Emmett se comprometió a multiplicar gestiones para asegurar un mayor apoyo con miras a los Juegos de 1990, lo que se cumplió.43  Medallas  se ganó en 1977, durante los II Juegos Centroamericanos en San Salvador.

El impactode las pesas

Entre el desbordante entusiasmo colectivo, era natural preguntarse: ¿Cuál había sido el mejor deporte nica en esos juegos?. Cifras en mano, sin la menor duda, el levantamiento de pesas, porque con 8 atletas se logró 22 medallas, entre ellas 10 de oro, 11 de plata y 1 de bronce, mientras ese diminuto “Rocky” que era Orlando Vásquez, conseguía ser seleccionado como el segundo atleta más destacado en el deporte de los músculos hinchados, el ruido de los fierros y el resoplar constante.

Las pesas registraron una excelente actuación, aunque esos resultados fueron favorecidos en algunos casos por una escasez de participantes. Parecía atrevido intentar retar a las pesas, pero consideré que si algún deporte podía hacerlo, ese era el ping pong, o tenis de mesa. Con una tropa de 8 raquetistas, cinco de ellos funcionando como titulares (el formidable Oscar Molina, José Hernández y William Prado en varones, y Norma Molina con Georgina Prado en el sector femenino). El ping pong se robó el show arrasando con 5 de 7 títulos en disputa, en una muestra de dominio casi aplastante a pesar de lo durísimo que resultó la oposición, porque para vencer en cada especialidad fue necesario batallar horas extras y sacar a relucir una estabilidad impresionante.

Decíamos antes de zarpar que siempre era bueno diferenciar el valor de cada medalla, porque como bien se apuntaba, en un artículo preciso y objetivo, no todo lo que brilla es oro. Es decir, que siempre se necesita hacer una evaluación correcta. Nuestros pingponistas llegaron a fajarse hasta en horas de la madrugada en busca de una medalla como ocurrió cuando Molina y Hernández le ganaron el oro a la dupla guatemalteca al filo de las 12 y 30, cuando todas las luces de la Ciudad Deportiva estaban apagadas.

Creció el atletismo

La brillantez proporcionada por el Atletismo no tenía precedentes. Se ganó 27 medallas, la más gruesa cantidad, con 9 de oro –una menos que pesas- 6 de plata y 12 de bronce, con Humberto Newball y Harold Pérez imponiéndose en 100 y 200, Róger Miranda en 800 y Marisol García perdiendo un duelo inolvidable necesitado de foto-finish con Cristina Schuman. Las victorias en 4 por 100 y 4 por 400 varones, fueron electrizantes de punta a punta, así como la de Claudia Álvarez en salto largo. 

No me  impresionaron tanto las medallas en lucha, porque casi todo el que peleaba ya tenía una asegurada, pero el esfuerzo desplegado por el fútbol fue encomiable, aunque no estábamos próximos a los equipos de El Salvador y Honduras cuyas selecciones no eran sus representativos de más alto nivel. Cronistas de esos países que cubren la primera división, ni siquiera sabían “al tiro” el nombre de algunos seleccionados.

En tiro muy bien, porque este deporte que necesita de buen armamento, no contaba con los recursos materiales requeridos. Se llegó a competir en algunos casos con pistolas prestadas, y hay que elogiar el rendimiento de los tiradores y ver con optimismo sus posibilidades futuras. El ajedrez en tanto estaba obligado a ganar y tuvo que recurrir al Sistema Sonnenberg para dirimir el primer lugar a pesar de contar con Guevara, Canda, Pilarte y Danilo Sirias, dos casi Maestros Internacionales, uno Fide y el otro, jugador de excelente curriculum en los últimos años, en tanto en Beisbol, estaba escrito que sin Panamá, se ganaría el oro, pero no que se perdería con Costa Rica 13-8 en la primera vuelta al naufragar el pitcheo.

Lo espectacular fue haber saltado de 43 medallas en 1977, a estas 108 en 1986. El progreso continuó en Honduras cuatro años después, y luego se detuvo.

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