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La diferencia en ese 3-1 que le clavó el Real Madrid al Barcelona en la primera batalla por la Supercopa de España no la estableció la ausencia de Neymar, sino la superioridad del Real Madrid, sobre todo cuando mueve su banco y son jugadores estrellas los que saltan hacia las brasas, logrando sostener el desequilibrio, el sometimiento del adversario y la garantía de conseguir la victoria. Utilizando los contragolpes como arma mortífera, el Real Madrid, que se adelantó 1-0 en el minuto 50 por un autogol de Piqué y fue herido por un penal discutido de Keylor a Suárez, ejecutado por Messi para nivelar el marcador 1-1 en el minuto 76, asestó una puñalada desde la izquierda con remate del recién ingresado Cristiano Ronaldo a los 79 y tuvo tiempo para agregar contra reloj un soberbio taponazo de Asensio taladrando el esfuerzo de Ter Stegen y las esperanzas azulgranas.

El punch fue decisivo

Fue un partido extremadamente agitado, enloquecido a ratos, atravesando los dos mediocampos como si no necesitaran de sus aportes, sin el dominio requerido para manejar las recuperaciones, con poco espacio para los trazos rasantes del Barsa en el área pese a los desajustes constantes en la defensa madridista, y con enorme despliegue de rapidez, poder y capacidad de llegada en las contras por parte del Madrid, logrando casi siempre ventaja numérica para asegurar incursiones cargadas de peligro. En el ataque azulgrana, es obvio que Deulofeu no es Neymar para mantener atormentado el sector derecho de la defensa del Madrid, pero el Barsa dispuso de suficientes posibilidades para hacerse sentir, sin poder sacarle provecho.

Las lagunas del Barsa

El problema del Barsa sigue siendo el mismo, y no lo resuelve el imposible regreso de Neymar, ni conseguir a Dembelé. Está en el medio, antes tan flexible, preciso en la contención y muy creativo, hoy necesitado del constante retroceso de Messi, y sobre todo atrás, con más lagunas que las que un turista encuentra en Winter Haven, pese a la multiplicación de esfuerzos de Piqué, condicionado por una amarilla y golpeado por el autogol, y de Umtiti. Cuando entró Cristiano, se dinamizó más el Real Madrid, no interesado en tener el balón, algo que hizo con soltura en los primeros minutos del juego sometiendo al Barsa a una fuerte presión, sino en ir directo con trazos largos haciendo valer su velocidad para obtener espacios y realizar maniobras sencillas pero destructivas.

Otro round de Zidane

La custodia de Messi por parte de Kovacic, recortándole espacios para recibir y entregar, fue demasiado importante, pero más todavía el show de Isco, jugando a lo Messi, destrabándose en lo más complicado y fabricando el futbol de más fluidez que se vio en un juego sin muchas ideas claras en los intentos de salir con pelota dominada. El 1-1, con el penal marcado por Messi a los 76, hizo que el Barsa se volcara con vertiginosidad pero sin control en las últimas entregas, frenado por la superpoblación de jugadores madridistas en el área. Cristiano, puñal en mano, terminó con esa preocupación con esa impresionante cuchillada con su pierna derecha en el 79, antes de ser expulsado aparentemente en forma arbitraria, porque sí fue afectado por una carga de Umtiti perdiendo el equilibrio sin exagerar. Aún con un hombre menos, el Madrid continuó haciendo sonar los tambores y la magistral estocada de Asensio por caer el telón selló una victoria por 3-1, que da la impresión de no estar expuesta a una remontada en el Ber
nabéu. Zidane se apuntó otro round.

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