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Cayó Román González, dos veces, la segunda caída más brutal que la primera y fue definitiva. En el barrio La Esperanza, de Managua, callaron sus familiares, amigos y vecinos; todos congregados en casa de doña Lilliam Luna, mamá del “Chocolatito”. Fue una noche amarga, así acabó, en contraste con la alegría que se percibía antes de que iniciara el combate entre el nicaragüense y el tailandés.    

Seis meses después de haber sufrido el primer revés de González, despojado por el propio Rungvisai, los nicaragüenses se mantuvieron creyentes de que el tetracampeón mundial pinolero recuperaría la corona, había esperanza. Pero ya no, anoche se esfumó con la caída del “Chocolatito”. Lo lamentó doña Lilliam, lo lamentó todo un pueblo, mientras Román lloraba tendido en la lona.

“¡Ay Dios mío!”, lamentó doña Lilliam, antes de marcharse a su habitación. “Solo Dios sabe lo que hace”, decía, con los ojos llorosos. No era la única, también sufrió don Luis González, papá de Román: “El tamaño del ‘Chocolatito’ es muy pequeño para la categoría, el cambio le perjudicó, los rivales son más fuertes, Román no tiene condiciones para establecerse sobre Rungvisai”. 

“Todo sucede en el boxeo, pero el tailandés es tremendo pegador y le pegó bien en la primera pelea, lo estudió bien y le volvió a ganar. Seamos honestos, esta no es la división para el ‘Chocolatito’. Lo mejor que puede hacer es regresar a las 112 libras, ahí es difícil”, refirió Luis, nostálgico por ver la caída de su vástago, pero consciente de que en la división supermosca no tiene muchas oportunidades.

La fiesta fue temprano 

En el barrio La Esperanza el ambiente no era para nada tenso, la música de los chicheros que tocaban canciones típicas nicaragüenses cada vez que terminaba una de las peleas preliminares de la cartelera, denominada Superfly, resonaba en los oídos de los presentes y en reiteradas ocasiones se escuchaba la consigna: “tu país y tu familia están con vos”. 

Familiares, amigos y vecinos se dieron cita desde las 5:00 de la tarde, para brindar su apoyo al tetracampeón mundial en la faena de recuperar el título de las 115 libras que le fue arrebatado por Sor Rungvisai. Antes del inicio de la pelea de Carlos Cuadras ante Juan Francisco Estrada, la familia del “Chocolatito” elevó una oración al Altísimo para la protección de su campeón y para que todo saliera bien.

Finalmente el momento llegaba, el “Chocolatito” entraba al cuadrilátero y doña Lilliam se acomodaba en una de las sillas del comedor de su casa, para ver la pelea de su hijo. “No le gusta sentarse muy cerca del televisor, se pone nerviosa”, dijo María Luisa Luna, tía de Román. En la mirada de la progenitora del púgil pinolero se veía un poco de preocupación, mientras en las afueras se escuchaban los gritos de las alrededor de 300 personas que llegaron a ver la pelea y a apoyar al  nica. 

Durante el combate, doña Lilliam miraba inquieta cada golpe que lanzaba el tailandés, pero cuando respondía el nica alzaba la voz para gritar “vamos Román, seguile dando”, mientras su hermana frotaba su espalda para calmar un poco su nerviosismo. Afuera la emoción fue única, los asistentes gritaron a todo pulmón cada golpe que Román conectó. 

En el cuarto asalto llegó el desastre: Román recibió un tremendo golpe del tailandés que lo mandaba a la lona. Doña Lilliam se llevó las manos al rostro y solo pudo gritar “ay Dios mío”, mas nunca imaginó que ese era solo el principio del fin: Román fue noqueado segundos después y su mamá no tuvo palabras que expresar, las lágrimas en sus ojos eran más que suficiente.

Al final la gente se retiró a su casa con la tristeza de un pueblo que vio caer a su titán, su mamá únicamente repetía: “solo Dios sabe lo que hace”. No hubo juegos pirotécnicos, la fiesta se terminó, todos se retiraron en silencio como si el país estuviera de luto y, a decir verdad, es posible que lo esté.

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