•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Pasarán los días, las semanas, y quizás con suerte los meses y los años en el resto de mi vida; me sentiré atravesando desorientado por un llano en llamas; imaginaré estar sentado meditando sobre una piedra ya sea en la soledad de Macondo o en lo macabro de Comala, y me seguiré preguntando cada vez que recuerde la primera derrota legítima, dolorosa e inapelable de Román “Chocolatito” González ¿por qué no peleó como acostumbra? ¿Por qué fue otro? Todos nos quedamos exigiendo una explicación.

Las revanchas tienen pocos secretos como lo demostraron peleadores de grandeza incomparable como Robinson, Alí y Leonard, incluso Holyfield quien desesperó a Tyson hasta ser agredido con mordiscos, pero Román dio la impresión de encontrarse frente a un extraño, alguien que nunca había visto. Cedió la distancia y la iniciativa, y desde muy temprano quedó desarmado. Se suponía, por lógica elemental, que disponía de una gran ventaja emocional después de ser víctima de un despojo en el primer combate. 

Román irreconocible

Pero “Chocolate” entró al ring cambiado, como una falsa “Gioconda” en el Louvre. Eso nos llevó en un rápido tour del asombro a la desilusión. Rungvisai era un claro no favorito. No se le consideró un verdadero campeón al ser favorecido por un fallo distorsionado. Tan es así, que además de obligarlo a pelear una revancha lo más pronto posible, fue subestimado financieramente en forma drástica, recibiendo 187 mil dólares, por 600 mil del ahora retador pinolero. En la imaginación de casi todos, no había forma de ver perder a Rungvisai, pero él fue su más firme creyente, y subió al ring a resolver la difícil ecuación.

Apenas iniciado el combate, “Chocolate” levantó su mano izquierda como una medida de protección de ese sector, tan afectado por los cabezazos abre cortaduras en la pelea anterior. De inmediato, hizo un reclamo al árbitro sobre la peligrosa forma de embestir del tailandés: “¡Hey árbitro, mire lo que trata de hacer!” Al mismo tiempo sus brazos se movían perezosamente, necesitados de un buen engrase y sus piernas parecían estar pesadas. Muscularmente se veía desconectado, como si su cerebro no enviara señales y su corazón no se agitara. Un Román irreconocible.

En cambio Rungvisai creció

Así que Rungvisai se encontró sin obstáculos, disponiendo de tiempo y espacios para disparar sin apurarse, asegurando precisión y agrandándose como rival. Ya veremos cuando la pelea entre en calor, pensamos, pero Román era otro, y no presionó por falta del atrevimiento que le permitió al “Gallo” Estrada superar a Carlos Cuadras, y que él había mostrado a lo largo de 47 combates. “Chocolate” no hacía propuestas ofensivas y se limitaba a esperar, pero ¿esperar qué?, sin intentar tomar las riendas exponiéndose, tratando de hacer valer su agresividad y flexibilidad.

Se le veía distante de su dinámica habitual, esa que le permitió tantas veces atacar a ráfagas, arrimarse contragolpeado, y metiéndose para bombardear al cuerpo con las dos manos. Solo en ciertos momentos pareció interesarse en pelear, pero antes de ensayar cualquier atrevimiento serio fue bombardeado, y dos derechas, lo fulminaron. ¿Por qué eso? Ni idea. Pasarán los días, los años, las polvaredas, los huracanes, podré vivir en pueblos fantasmas, terminaré de envejecer, y seguiré exigiendo una explicación a la gran intriga: ¿por qué el sábado, Román fue otro?

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus