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El exilio, es el mayor destructor de almas, dice Roa Bastos en su libro “El Fiscal”, y Denis Martínez se ha esforzado por permanecer en el beisbol. Nunca ha sido un exiliado. Ese ha sido su mundo y pretende seguir viviendo en él de diferentes maneras, así sea contra vientos y mareas. Lo sabe muy bien el comisionado de Grandes Ligas Robert Manfred, quien recientemente lo invitó a su oficina para una reunión “solo para dos” y hablar de beisbol, el “idioma” que los une. Fue en ese encuentro que Manfred felicitó a Denis por hacerse merecedor al nombre del nuevo estadio que se inaugura el 20 de octubre, y le dijo: “Me agrada, porque el juego le devuelve algo, a alguien que dio mucho por el juego”. ¿Habrá pensado Manfred en una frase para una placa en ese parque? No lo sé, pero podría ser. 

Kuhn el único .-Manfred no estará en la inauguración de ese estadio para nosotros marca “Maravilla”. El único comisionado que hemos visto por estos lados, es Bowie Kuhn en 1970. Lo invitó atrevidamente Carlos García junto con Joe Dimaggio y Bob Feller, dos miembros del Salón de la Fama, para la inauguración de la nueva etapa de nuestra pelota amateur. Era un beisbol muy verde, el acto fue sencillo y aquel estadio nacido en 1948, continuaba envejeciendo. La luz era tenue esa noche. Denis Martínez llegará el próximo 16, con todos los boletos agotados y la ansiedad de una multitud por erosionar. Se dice que viene con dos big-leaguers que fueron sus compañeros de equipo: Eddie Murray, instalado en Cooperstown y el boricua Carlos Baerga. Ellos estaban en el line-up de los Indios respaldando su pitcheo contra el de Randy Johnson y los Marineros, en el primer partido oficial del reluciente “Jacobs Field” en 1994, en Cleveland.

Sentirse vivo.-Martínez, una vez fuera de los box scores, se ha dedicado a permanecer dentro del beisbol. No puede vivir afuera, no puede ser solo un espectador y estar siendo entrevistado para conocer sus puntos de vista. Incluso ha sido mánager y entrenador de la Selección Nacional. Quizás hubiera podido dirigir el primer juego en ese estadio contra Taiwán, pero a nadie se le ocurrió. Ha estado vinculado a los Orioles y los Indios, y ha sido entrenador de lanzadores en la organización de los Cardenales, y coach de bullpen con los Astros de Houston. Cada amanecer, Denis está moviendo imaginariamente una pelota entre sus dedos, acariciando las costuras, imaginando el bateador frente al plato y la zona de strike… Eso lo hace sentirse con vida y en pie de lucha. El beisbol ha sido y sigue siendo, su gran motivador. Lo sabe muy bien su esposa Luz Marina, y por supuesto, sus hijos.

Como dice Manfred, el pelotero que superó una montaña de dificultades, fue ganador de 245 juegos, ejemplo de corrección y forjador de un Juego Perfecto, merece ese reconocimiento: su nombre en el nuevo estadio, esa “Maravilla” que veremos iluminarse el día 20 con nuestros ojos agrandados.

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