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Joe Girardi y sus Yanquis siguen golpeando las paredes con sus cabezas. Dejaron escapar una ventaja de 8 por 3 construida en las primeras cinco entradas, para terminar perdiendo 9-8 en el episodio 13, de una manera sencilla: boleto de Dellin Betances a Austin Jackson, robo de segunda, y cohete del receptor brasileño Yan Gomes al rincón izquierdo después de pasar rascando el cojín de la tercera base. Un bateador de 232 puntos, con un doblete previo en el sexto inning, resurgente para los Indios, decidió una batalla que parecía extenderse por los siglos de los siglos. El robo de botín, malogrando la posibilidad de nivelar la serie, coloca a los Yanquis al borde del abismo 0-2, esperando que Masahiro Tanaka los mantenga con vida, pero mirando al ganador de 18 juegos, el venezolano Carlos Carrasco, en la otra colina con cara de verdugo y sin capucha.

Los factores claves

El imprevisible hundimiento de Chad Green lanzando detrás de Sabathia, el golpe fantasma a Erick González en el sexto, el intento de toque de bola ordenado a Gardner con corredor en posición anotadora sin out provocando el más importante out de la noche atrapando a Torreyes en segunda, y el evidente cansancio de Dellin Betances, trabajando más de lo que acostumbra, fueron los factores que registraron mayor incidencia en la pérdida del botín de los Yanquis, que se acostaron con la soga al cuello y el horizonte nublado. 

Dos errores de Todd Frazier facilitaron dos de las tres carreras de los Indios en las primeras entradas contra el pitcheo del veterano zurdo C. C. Sabathia, pero funcionando también temprano, el ataque yanqui le arrancó el brazo al “as” de la tribu Corey Kluber. Los jonrones de Gary Sánchez en el primer inning, Aaron Hicks en el tercero, y Greg Bird en el quinto, todos con embasados fabricando 7 carreras, proporcionaron al equipo de Nueva York, comodín sobreviviente en la Liga Americana, una ventaja de 8 por 3 con el agregado de otra anotación impulsada por Starlin Castro. Esa diferencia daba la impresión —precipitada si se quiere— de ser irreversible. Mayúscula equivocación, porque los Indios reaccionaron impetuosamente, se acercaron amenazantes 8-7 y empataron 8-8, antes del llamativo duelo de relevistas, alargándose hasta el infinito.   

De pronoto, el diluvio 

Cuando salió Sabathia en el cierre del sexto, después que Gregorius atrapó milagrosamente una cuchillada de Bruce con hombre en primera y la pizarra a favor de los Yanquis 8-3, vino el diluvio, incluyendo un fallo discutido sobre posible golpe a Chisenhall que llenó las bases, lanzando Chad Green. El jonrón de Francisco Lindor contra la torre amarilla del jardín derecho, certificando su legitimidad, productor de 4 carreras, estrechó la diferencia 8-7, metiendo a los Yanquis entre las brasas. Girardi no lo podía creer, su tranquilidad se encontraba ahora en la licuadora de las angustias. El mánager sintió que estallaba emocionalmente con el jonrón equilibrador de Jay Bruce en el fondo del octavo episodio, su segundo en la corta serie. Ahora el partido estaba como al principio frente a un futuro asfixiante, evitando parpadear.

Fue necesario esperar hasta el inning 13 para resolver el partido convertido en una difícil ecuación hasta para Tales de Mileto. El hit de Yan Gomes impulsando a Jackson desde segunda sin out, fue mortal para los Yanquis. La victoria por 9-8, coloca a un paso de la final de liga a los Indios, como lo están los Astros.

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