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Juego intenso, inseguro, de nervios alterados, corazones acelerados, decisiones discutidas, constantes revisiones, dedos masticados al terminarse las uñas y el suspenso danzando frenéticamente de un lado a otro, sin saber dónde y cómo frenar. Un juego para sufrirlo con las dos chaquetas.

Se impusieron los Cachorros 9-8 con Wade Davis lanzando desde la caldera del diablo. Los factores desequilibrantes fueron múltiples, por encima de la capacidad de almacenamiento de nuestra memoria.

Me quedo con las tres fallas defensivas del catcher Witters, el pasbol, el mal tiro y la interferencia en el quinto inning de cuatro carreras, pero no voy a olvidar el quite de pie por parte de Lobatón, siendo out por el tiro certero del receptor Contreras. Era un momento de presión extrema. Volteando un 4-1 adverso, los Cachorros están con vida y enfrentarán a los Dodgers peleando la posibilidad de defender su corona.

Desde el arranque

Los dos equipos colocaron corredor en segunda sin out en el primer inning, pero solo anotaron los Cachorros que dejaron las bases llenas frente al pitcheo incierto de Gio González. Roletazo impulsador de Antony Rizzo después de un pitcheo salvaje de González que llevó a tercera a Jon Jay, abridor del juego con doble, adelantó a los Cachorros 1-0. No era para que la multitud se hundiera en las butacas, pero ver las bases cargadas con dos outs y Jason Werth al bate, provocó una justificada preocupación. Sin embargo, el ponche a Werth le permitió al zurdo de 32 años, una vez ganador de 21 juegos, hacer su propio rescate en medio de las dificultades. 

Esa diferencia fue borrada bruscamente en el cierre del segundo con una arremetida de cuatro carreras por parte de los Nacionales, aprovechando el jonrón solitario de Daniel Murphy, y el que disparó Michael Taylor con dos circulando, después de hits seguidos de Antony Rendón y Matt Weiters. El público aullaba mientras la pizarra giraba mostrando el 4-1 a favor de Washington. No era para que en Chicago se escuchara un doblar de campanas por ser tan temprano, pero si para poner las esperanzas en remojo en la pileta del escepticismo. El punch de los Nacionales estaba haciendo estragos golpeando a Hendricks.

Cachorros muestran dentadura

Después de liquidar el segundo inning rápidamente y con autoridad, se pensó que Hendricks tomaría ese espaldarazo de su bateo, como un fortificante, pero no fue así. Bryant le abrió el tercero con doble y aunque ponchó a Rizzo, boletos a Contreras y Almora llenaron los costales para el roletazo impulsador de Rusell, recortando la distancia 2-4. Otro wild pitch de González, abrió puertas para que Contreras anotara, estrechando la pizarra 3-4 y haciendo flotar la incertidumbre a bordo de un murciélago sobre las tribunas, en tanto Hendricks manejaba bien un hit de Weitters en el tercero, y resolvía el cuarto pese a los imparables consecutivos de Werth y Harper.

Nadie más presionado que Dusty Baker. El mánager de los Nacionales, recordando al Capitán Smith del “Titánic” y tratando de esquivar cualquier montaña de hielo, decidió traer a Max Scherzer. Aunque recientemente había realizado 98 lanzamientos, su corazón hinchado como siempre, y sobre todo su brazo convertido en látigo, proporcionarían la mayor seguridad en defensa de esa carrera. Pero Scherzer quien sacó apurado los dos primeros outs del quinto, no pudo evitar que la nave se estrellara. Hits de Contreras y Zobrist y doble barre bases de Rusell, posibilitó que los Cachorros tomaran las riendas 5-4. Base intencional a Heyward, ponche a Báez con un pasbol y un mal tiro de Weitters a primera, una interferencia del aturdido catcher y un golpe a Jay con todas las bases ocupadas, agregaron dos carreras y la ventaja de Chicago era de 7-4.

Todo parecía escrito

Los Cachorros agregaron otra carrera en el sexto contra Brandon Kintzler sacándole provecho a otro doble de Russell que pareció estar en el radar de Werth sin poder capturar la pelota. La ventaja se estiró 8-4, pero la agresión de los Nacionales contra Montgomery en el cierre con dos boletos y dos dobles de Harper y Murphy, los metió nuevamente en la pelea, atrás 6-8, pero en pie de guerra. La aproximación 8-9 en el cierre del octavo con el out imprevisto de Lobatón consecuencia de un viraje certero del catcher, convirtió el temor en miedo. Perder equivalía a morir y el desenlace se balanceaba como lo hace Beyonce o Shakira. La última bateada de los Nacionales, fue con el rancho ardiendo. Davis cerró puertas excediéndose.

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