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Murió Italia. Se derrumbó abrazada a Suecia en ese 0-0 mortal, condenada por el gol de volea de Jakob Johansson hace unos días en Estocolmo. Intentar la pequeña remontada en casa resultó una tarea gigantesca, como demoler el Coliseo a puñetazos, hasta desembocar en lo imposible.

Desde que se inventó el futbol, sin goles no hay paraíso. El equipo italiano, con todas sus figuras cumbres, fue incapaz de marcar un gol a lo largo de 180 minutos frente a Suecia, y después de 60 años, mirando con ojos vidriosos sus cuatro grandes trofeos, sintiendo que le cortaron las piernas y le taladraron el alma, ha sido sacado de una Copa del Mundo. Ese 0-0 en San Siro, después de caer 0-1 como visitante, cortó las esperanzas y la cabeza de Italia. No se puede hablar de vergüenza como en 1966 cuando Corea del Norte los eliminó en la propia Copa, pero sí de inutilidad. El total de 577 pases buenos, 76 por ciento de posesión, 6 remates a puerta y 14 desviados, y la relación 8-0 en corners, indica claramente la insistencia de Italia, frente a la paciencia y sangre fría de un equipo sueco, que dio la impresión de estar solo interesado en no permitir gol, lo que consiguió, pese a estar atravesando por constantes dificultades.

Italia pudo ganar

¿Fue penal el enganche que le hizo Agustinsson a Parolo en el minuto 8 dentro del área? Por supuesto, pero el árbitro Lahoz se hizo “el sueco”, aunque después, obvió dos pelotas desviadas por Darmian y Barzaggli, considerando mano y brazo involuntarios. Más allá de esas “pequeñeces”, Italia pudo ganar, pero necesitaba de pegada, y careció de seguridad. Tres enormes oportunidades de la squadra azurra: la que malogró Jorginho con estupendo ángulo y buena distancia; el disparo rasante-escalofriante de Florenzi que se escapó junto al poste izquierdo de Olsen; y el soberbio taponazo de Al Shaarawy en el minuto 86, que hizo aullar las vigas del estadio y paralizó corazones. Tanto fue el cántaro al agua, que resultó extraño, no verlo romperse.Buffon lloró con la eliminación de Italia del Mundial.

Frente a la inutilidad de los esfuerzos, lloró el arquero Buffon, quien buscaba estar en la convocatoria de una sexta Copa del Mundo, y se atrevió, como una muestra de su buena educación, a ovacionar el himno de Suecia mientras era abucheado por una multitud irreflexiva, atrapada por el fanatismo distorsionador. 

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Orgullo sangrante 

No se puede decir que Suecia hizo un gran partido en la contención con fuerza mental y orden defensivo, porque lo que le dio resultado, fue atrincherarse. ¿Cuántas veces los italianos, aplicando un acoso a ratos agobiante, dispusieron de posibilidades? El total de 14 pelotas que pasaron zumbando, certifica voltaje, no puntería. Ah, la desesperación desajusta. Cada chequeo del reloj, provocaba gemidos. Un grupo de grandes jugadores, igual que Argentina, no logró proporcionar a Italia el futbol fluido y productivo que se necesitaba para asegurar el boleto al Mundial. No fue una injusticia incomprensible. Para Italia, quedar fuera del paraíso, equivale a recibir un brutal mordisco a su orgullo.

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