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El crecimiento de nuestro deporte aficionado se detuvo después de 1990, y la primera señal de ese bajón de voltaje fue enviada en los Juegos de 1994 realizados en San Salvador. Es cierto que se obtuvieron 132 medallas, 15 menos que en Tegucigalpa, pero las 42 de oro significaron un recorte de 17, y los salvadoreños como locales, salieron desde atrás para saltar encima de nosotros y dirigirse hacia la cima, dejando atrás a Costa Rica y Guatemala, superándolos con 80 oros, la máxima cifra, precisamente la que establece diferencias en la tabla, aunque con menor total.

La pérdida de ritmo

En general, pese a que el nivel de estos Juegos se fue sumergiendo en una mediocridad preocupante como se demostró en Costa Rica hace cuatro años, Nicaragua –con excepción de un casual subliderato en el 2006 con 142 medallas en un evento que por razones de emergencia tuvo que ser distribuido con sedes en cinco países- perdió el ritmo, hasta replegarse a un sexto lugar entre siete competidores.

Hay que agradecerle a las pesas, en suma de esfuerzos varones y mujeres, las 45 medallas proporcionadas en 1994, con 22 de oro, 16 de plata y 7 de bronce. Ese deporte cargó sobre sus espaldas evitar lo que hubiera sido un derrumbe, pese al agregado de 36 medallas hecho por tres deportes de combate: lucha (13 con 4 oros), judo (13 sin oro) y boxeo (10 con 2 oros)… Hay que apuntar que el tiro con 18 medallas, 4 de oro, fue el segundo mejor deporte, y que los abrumadoramente mayoritarios en población,  como el beisbol, volibol, futbol, softbol y baloncesto con más de un centenar de atletas, solo produjeron una medalla de oro (beisbol) y dos de plata. 

Entre las tinieblas 

El hundimiento en San Pedro Sula 1997 hasta el sexto lugar con 102 medallas, solo 17 de oro, nos golpeó en las narices, y aunque se logró un cuarto lugar en la tabla en el 2001 en Guatemala, el total de 78 medallas con 15 oros, seguía siendo algo más que una advertencia sobre el estado de nuestro deporte amateur. Después de experimentar un repunte en los confusos Juegos del 2006, quedando segundos con 143 medallas, 34 de oro, liderados raramente por el Atletismo con 28 (9-10-9) y las pesas reducidas en forma inesperada a 12, Nicaragua, pese a sus 145 preseas, descendió en el 2010 al cuarto lugar detrás de El Salvador, Costa Rica y Panamá, que superaron las 200 aprovechando la ausencia de Guatemala.

En Costa Rica, hace cuatro años, casi no fuimos vistos limitados a 15 oros entre 113 medallas, finalizando en el penúltimo lugar entre siete países, aunque con la sede de los próximos Juegos  en el bolsillo, y la natural pretensión de volver a elevarnos lo suficiente con el esfuerzo que desplegarán casi 700 atletas. Esa es la esperanza.

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