9 de enero de 2010
“Chava” contra Estudiantes en 1966
| END Aquel penal fue magistral
Por Edgard Tijerino | Deportes
Imagen Salvador “Chava” Dávila. Archivo / END
Han pasado 44 años desde aquel 9 de enero de 1966, y la imagen de Salvador “Chava” Dávila, avanzando hacia la pelota con esa cadencia, frialdad y confianza que caracterizaban al mortífero ejecutor, para cobrar el penal cometido a Luis Goyez, aparentando ignorar la presencia de Poletti en la cabaña de Estudiantes de La Plata, con sus reflejos listos para la reacción felina y todas sus articulaciones flexionadas, dando la impresión de poder cubrirlo todo, mientras 10 mil corazones retumbando en las tribunas, permanece inalterable en nuestras retinas, y por supuesto, en los recuerdos.
El zapatazo con la derecha de “Chava” hizo zumbar la pelota hacia la propia escuadra superior, con una potencia perforamurallas. El vuelo del espectacular arquero mostrando la viveza de sus reflejos, con ese estiramiento rapidísimo y angustioso de sus brazos, permitiéndole rascar el balón con sus uñas sin desviarlo, nos enmudeció. Cuando la red se inflamó majestuosamente, la multitud estalló con un júbilo ensordecedor.
Ese gol garantizó la victoria por 2-1 sobre el Estudiantes de Oswaldo Zubeldía, que contó con Verón, Bilardo, Madero, Escoz, Echecopar, Malbernat, Aguirre Suárez, y otros más de la tropa que en 1968 ganaría el Mundial por equipos superando al poderoso Manchester inglés, capitaneado por Bobby Charlton.
Qué tarde aquella... El improvisado entrenador argentino Santiago Berrini y su tropa pinolera, fabricaron la considerada más grande emoción de nuestro fútbol en su historia, pese a ser sólo un juego amistoso: el milagro de vencer a Estudiantes. No fue un triunfo como el de Diriangén sobre Alajuela, o recientemente Nicaragua eliminando a Guatemala y avanzando a la Copa de Oro, pero ustedes conocen a los argentinos y su orgullo, y en ese tiempo, Estudiantes era un equipo en pleno crecimiento.
Curiosamente, el único jugador no nacido en Nicaragua que formó parte de esa Selección , el tico Luis Goyez, fue virtualmente el forjador de los dos goles. El primero a los siete minutos, cuando el hostigoso tico aprovechó una vacilación de los centrales argentinos para apoderarse del balón en medio de un peligroso oleaje, y sacudió las redes. Los argentinos tomaron las cosas con calma, pero Chocorrón se multiplicó en la defensa y Peché hizo de Mandrake el Mago en la media cancha mientras Dubois, el primer arquero, se revolcaba heroicamente en el área chica fajándose como un león.
Minutos más tarde, al filo de los 35, Goyez presionó intensamente al arquero Poletti, provocando una agresión de este y la sentencia de un penalty por parte del eficiente árbitro José Urtecho. El castigo lo ejecutó Chava Dávila impecable, implacable. En desventaja 0-2, Estudiantes se volcó sobre la valla nica buscando acortar distancia, y lo consiguió a los 41 minutos, con un disparo cruzado de Echecopar.
El segundo tiempo fue una especie de frontón. Todo Estudiantes al ataque y todo Nicaragua a la defensa sacando agua del pozo. A los 10 minutos, Roger Mayorga, el segundo arquero, parecía un excavador de tanto zambullirse a los pies de delanteros argentinos, mientras en la defensa, Peché, Huete y Chocorrón se agigantaban. Cuando sonó el silbato, los argentinos no podían creerlo y nosotros tampoco, pero en la pizarra resaltaba ese 2-1 grandioso, inolvidable, aunque haya sido producido en un juego amistoso.
dplay@ibw.com.ni