20 de enero de 2011


Una falla en libro de Arquímedes
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No escribí sobre Blackwell

Por Edgard Tijerino | Deportes

No escribí sobre Blackwell
Imagen
¿Quién era Blackwell?. Archivo / END
El martes, después de recibir un reconocimiento por parte del Centro Nicaragüense de Escritores, abrillantado por la presentación que hizo Julio Francisco Báez en el Auditorio de la UAM, me obsequiaron varios libros, entre ellos El fabuloso Blackwell, escrito por el ganador de premios Arquímedes González, sobre la historia de un boxeador que nunca existió, y que fue objeto de varias crónicas en el terruño.

Antes de la nota titulada “Todos mentimos”, me sorprendió que entre las referencias previas, aparece un párrafo con mi firma, supuestamente elaborado en el 2001, en el que hablo de Blackwell, incluso, como si lo hubiera visto pelear. Pienso que si Arquímedes lo citó, es porque existe y fue publicado, pero yo nunca lo escribí, como le puede constar al Jefe de Deportes de La Prensa, Edgard Rodríguez, con quien conversé ayer sobre el tema.

A propósito, en el Mundial de Béisbol del 2003 efectuado en Cuba, una de mis notas enviadas a La Prensa, apareció con la firma de Rodríguez, mostrando que esas confusiones pueden ocurrir en el ajetreo de un cierre de edición.

Lo irónico para Arquímedes, es que se refiere –y tiene razón- a que los periodistas podemos ser sorprendidos por falsas historias, y sin percatarse, él se deslizó hacia ese terreno, responsabilizándome, tanto en el inicio del libro como en su contratapa, por algo que nunca escribí, por no tener el menor conocimiento sobre la existencia de Blackwell, pero sobre todo, por no despertar en mí algún interés.

Ni siquiera cuando se colocó sobre el tapete que el tal Blackwell no existía, me preocupé por seguir las huellas del origen, desarrollo y borrón de esa historia, porque en ningún momento, incluyendo mis dos horas diarias en Doble Play me ocupé de ese prójimo.

Quien lee el párrafo citado: “Ian Blackwell Ferrey, joven boxeador nicaragüense, nacido en Granada en 1982, pero residente en Los Ángeles, California, desde sus días de infancia ha sido denominada “la futura estrella del boxeo” en Europa, tras alcanzar una quinta victoria en cinco peleas y todas por nocaut. La noche del sábado en Hamburgo, Alemania, noqueó a los 2.33 minutos del tercer asalto al británico Robbie Coleshaw a quien envió a la lona con un upper-cut de derecha que le hizo tambalear, y luego se desplomó ante el asombro de los asistentes”, con el agregado de mi firma, se percata rápidamente que nada tiene que ver con mi forma de enfocar una pelea, totalmente lejos del estilo que manejo.

Además, por única vez en mi carrera, utilicé los dos apellidos de un peleador, algo que no hice ni con Alexis en centenares de escritos, y la palabra “se desplomó” sería también la única ocasión en que la usé, redactando como si fuera un corresponsal en Hamburgo.

En el 2001 yo estaba contratado por La Prensa para elaborar historias, realizar enfoques y profundizar en varios temas deportivos. No tenía por qué meterme en una información de ese tipo, si nunca, entre el 2000 y el 2007 me tocó responsabilizarme de un cierre de edición.

Es más, todo mi trabajo lo enviaba desde mi casa, y Blackwell, nunca apareció en Internet, porque sencillamente, nunca existió. Lo siento Arquímedes, pero no seguí leyendo el libro pese a su excelente prosa. Los lectores, pueden tachar ese párrafo que lo descubrí ayer.

dplay@ibw.com.ni


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Arquímedes González no falló

* Me atengo a los hechos

Estimado Edgard Tijerino: Mediante este artículo (que ruego lo publique El Nuevo Diario en el espacio, sección y el día que crea conveniente y, si no es mucha molestia, con el título y el antetítulo original, para que los lectores tengan más insumo informativo sobre por qué vos y yo nos estamos carteando públicamente) respondo a tu columna aparecida el pasado 20 de enero en la sección de Deportes de este diario bajo el título: “No escribí sobre Blackwell” y cuyo antetítulo es “Una falla de Arquímedes”.

Para ponerlo en contexto, tu amable escrito hace mención de mi novela El Fabuloso Blackwell, ganadora del II Premio Centroamericano de Novela Corta realizado el año pasado en Honduras, afirmando que no escribiste un artículo publicado bajo tu nombre y apellido en el diario LA PRENSA el 8 de octubre del año 2001.

En el libro (que trata sobre un boxeador ficticio del que varios periodistas y editores nicaragüenses escribieron notas de prensa, crónicas, entrevistas, reportajes y columnas de admiración durante dos años y que cualquiera puede leerlas en Internet con una simple búsqueda con el buscador de su preferencia) publicado en noviembre del año pasado por Leteo ediciones, se incluye un fragmento de ese artículo y, también, se especifica que estaba firmado por tu persona, cosa que vos negás.

Ahora, como periodista, yo me atengo a los hechos y te invito a visitar este siguiente enlace: http://archivo.laprensa.com.ni/archivo/2001/octubre/08/nacionales/nacionales-20011008-17.html. Ahí verás que, aunque vos y yo no lo queramos, aparece tu nombre… y tu apellido.

Está bien que aclarés que no escribiste ese artículo. Estás en todo tu derecho, Edgard. Sin embargo, yo, con el respeto que te merecés, te aclaro que El Fabuloso Blackwell no pretende responsabilizar a nadie de algo bueno o malo o descubrir si alguien escribió o no un artículo. Despreocupate de eso. Es una novela, Edgard. Sólo una novela que ganó un premio.

Como vos decís en tu columna, el periodismo está lleno de “confusiones” y ese es el espíritu de El Fabuloso Blackwell: Ahondar sobre un error sistemáticamente cometido durante dos años en los que, ningún reportero, editor ni jefe de información de la sección deportiva del diario en el que en ese entonces vos y otros trabajaban, pudo darse cuenta de lo que ocurría delante de sus narices.

Todos sabemos que los errores nunca tienen padre ni madre y cuando alcanzan fama, huimos de ellos lo más lejos posible. Eso es lo que está pasando con esta historia. Pero, en mi caso, yo no huiré Edgard, porque no considero que haya habido error. Ahí está tu nombre tanto en la edición de Internet, como en la edición impresa.

Lo que considero una lástima, Edgard, es que no hayás seguido leyendo el libro (aunque sí admitís que, a pesar de no haber avanzado más allá de la primera página o del primer párrafo, la obra tiene una “excelente prosa”, lo cual te agradezco y estimo que, si acabás leyéndola, te va a terminar gustando aún más), porque entonces, cometemos el error de no ver ni leer lo que no nos gusta.

Yo sé que El Fabuloso Blackwell tendrá más periodistas detractores que reporteros que se arriesguen a leer hasta la última página, pero de verdad, te pido una vez más que terminés de leer la novela El Fabuloso Blackwell porque, quién sabe, tal vez hasta te animás y escribís otro artículo comentándola.

El Fabuloso Blackwell, Edgard, no es un ataque al periodismo nicaragüense ni a periodistas con nombre y apellido o a personas de alta o baja reputación. El Fabuloso Blackwell sólo convierte un caso periodístico, en un relato novelístico debido a esa magia causada por la persona que engañó a varios reporteros y curtidos editores de medios de comunicación.

Y, aunque la novela El Fabuloso Backwell no nació con el afán de causar controversia ni molestias a nadie, yo me alegro que haya tenido su primer round y si siguen muchos combates más, te aseguro que serán siempre bienvenidos y contestados con alegría.

Saludos, Arquímedes.
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