Manuel Coronel Novoa
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Para resumir el mensaje del economista francés, Thomas Piketty, en su libro “El Capital en el siglo XXI” (Harvard Press, 2014) comienzo por un pasaje que pienso no es del todo ajeno a nuestras vidas, ya no digamos a la de nuestros padres y abuelos. El pasaje al que recurre el francés en no pocas ocasiones ilustra la imposibilidad de la movilidad socioeconómica a través del estudio, el talento, o el esfuerzo, en el contexto del enorme dominio de la riqueza heredada de la sociedad parisina de la primera mitad del siglo IXX. Se trata del dilema de un ingenuo, pobre --aunque apuesto-- joven estudiante, Eugenio de Rastignac, personaje de la novela “El Viejo Goriot” (Le Peré Goriot), del famoso novelista francés Honoré de Balzac. Uno de los momentos cúspides de la novela de Balzac es precisamente cuando un cínico y ya recorrido personaje, Vautrin, lugarteniente del joven Rastignac, le pone las cartas sobre la mesa al explicarle que en lugar de embarcarse en la larga y tortuosa senda de una posible carrera profesional que --por muy brillante-- le arrojaría apenas mediocres ingresos, debería de más bien casarse con la joven heredera --aunque poco agraciada-- Madeimoselle Victorine. Un arreglo que --según estimaciones de Vautrin-- le arrojaría dos veces y medio más ingresos anuales que los percibidos por el mejor pagado de los abogados de la época. 

El sistema con las reglas de Vautrin aunque aun dejó fuertes vestigios en las sociedades menos avanzadas, cesó de ser la norma, dejando atrás la sociedad de dos-clases y dando lugar al capitalismo multiclasista que tuvo su pico en los “años gloriosos” que procedieron a la II Guerra Mundial con el espectacular surgimiento de la clase media en las sociedades capitalistas avanzadas. Sin embargo, Piketty en su análisis de largo plazo (que abarca 300 años de historia de la evolución en la tenencia del capital en 7 de los países más desarrollados del mundo) nos recuerda el proceso regresivo del capitalismo a raíz de la llamada revolución conservadora encabezada por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, el ensañamiento de la ortodoxia neoliberal, y la consecuente desregulación de la banca y los mercados bursátiles que revelaron la cara más oscura de la maximización de ganancias del capitalismo con sus ya conocidas --y catastróficas-- consecuencias. Una de ellas: un mayor aumento de la inequidad. 

La hipótesis 

El gran aporte de Piketty consiste en ser el primero en postular la hipótesis que en las economías capitalistas desarrolladas mientras la tasa de retorno del capital exceda la tasa de crecimiento económico, el ingreso y riqueza generado por el capital (ex-ante concentrado en los más ricos) crecerá más rápido que el ingreso generado por el trabajo o la mano de obra, causando por ende desigualdad. Más aun, que esta tendencia hacia la desigualdad en los ingresos y la riqueza no se deriva de una “falla del mercado” sino que es inherente al capitalismo. El economista francés nos dice que es durante un largo período de bajo crecimiento económico proyectado hacia la segunda mitad del siglo XXI de un 1 ½ porciento, y una tasa de rendimiento privado más o menos contante de 5 porciento, más una tasa de ahorro de un 10 porciento (los números son consistentes con las tendencias actuales) el ingreso tiende a pasar aún más rápido de la mano de obra al capital acentuando la acumulación de riqueza en unos pocos y dejando a u
na mayoría que llega al fin de su vida teniendo nada (o casi nada). Piketty pronostica que en la segunda mitad del siglo XXI en los países capitalistas desarrollados estas divergencias generarán una reversión a la sociedad patrimonial en la que los jóvenes continuarán lidiando con el dilema de Rastignac. ¡Con todo lo que esto implica!

Preocupación

Las personalidades clave en la cúspide del capitalismo mundial están preocupadas y ya no hablan del políticamente incorrecto “capitalismo” a secas --condenado hasta por la misma Iglesia católica-- sino de un más digerible “capitalismo inclusivo”. Una de las personalidades alarmadas es la propia Christine Lagarde, la directora gerente del FMI, quien invitada a dar el discurso de apertura en la conferencia “Iniciativa del Capitalismo Inclusivo” celebrada por los Bildergers --un grupo conformado por la elite más representativa del mundo capitalista-- el 27 de mayo del 2014 en Londres, dijo en su importante discurso reformista: “Las 85 personas más ricas del mundo, quienes podrían alcanzar en un autobús turístico de Londres --un double-decker--, controlan tanta riqueza como la mitad más pobre del planeta, es decir, de 3,500 millones de personas”. Madame Lagarde continua diciendo: “La consagración del capitalismo se da en el siglo IXX. Con la revolución industrial vino Karl Marx quien se enfocó en la apropiación d
e los medios de producción y predijo que el capitalismo, en sus excesos, lleva la semilla de su propia destrucción….es entonces el “capitalismo inclusivo” una contradicción? O una respuesta a la grave predicción de Karl Marx para poder llevar al capitalismo a su sobrevivencia y regeneración...?”

Cerramos comentando que Piketty, a diferencia de Marx, no llama a sustituir al capitalismo, como piensan muchos lectores entusiastas. No nos habla de revolución, ni mucho menos de socialismo. Por el contrario, Piketty hace coro reformista cuando sugiere mayor regulación, impuestos progresivos, intervención institucional, y hasta un impuesto global al capital que el mismo reconoce como utópico, para mitigar las formidables tendencias desigualitarias del capitalismo. 

*El autor es representante de Nicaragua en el FMI. Tiene una maestría en Economía y Finanzas Aplicadas en la Universidad de Johns Hopkins y un Posgrado en Evaluación de Inversiones y Riesgo en la Universidad de Harvard. 

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