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  • EFE

El traspaso de energía entre países impulsaría el desarrollo económico en regiones como Centroamérica, donde las diferentes regulaciones lo frenan, aseguró Luiz Gabriel Acevedo, ejecutivo de la multinacional Odebrecht recientemente galardonado en China con el premio Mosonyi a la Excelencia Hidroeléctrica.

En Sudamérica “se intercambia poca energía porque las distancias son más grandes, pero en Centroamérica o en el Caribe existe un gran potencial para las transferencias entre países”, explicó Acevedo, que trabajó en organismos como el Banco Mundial y la ONG ecologista WWF y que ahora es director de Sostenibilidad, Ingeniería y Construcción de la constructora Odebrecht.

El problema, consideró el experto, es que el intercambio energético es obstaculizado por “las diferentes regulaciones” y el “desarrollo político e institucional” en cada uno de los países centroamericanos.

En el caso de la energía hidroeléctrica, dijo, “se deberían optimizar las características naturales de cada país”.

Acevedo propuso “hacer compensaciones y trasladar energía al norte de Centroamérica, cuando haya más agua en el sur, y viceversa”, pues la temporada de lluvias no siempre coincide en el tiempo en los países de la región.

El brasileño recibió recientemente en China el premio Mosonyi 2015 a la Excelencia Hidroeléctrica, que otorga la Asociación Internacional Hidroeléctrica (IHA, por sus siglas en inglés), una de las principales organizaciones energéticas del mundo.

“No me esperaba ganar el premio. No es un tributo a mi carrera, es un incentivo para seguir trabajando. En el sector de la energía, tenemos mucho que hacer y debemos mejorar las prácticas del pasado”, indicó el ingeniero.

LA SOSTENIBILIDAD

Frente al riesgo de “abusos” medioambientales y socioculturales, Acevedo afirmó que es posible pronunciar en una misma frase “empresa hidroeléctrica” y “sostenibilidad”.

“Hay que conseguir compatibilizar el desarrollo de las hidroeléctricas con la protección ambiental y la preservación de la identidad cultural de la comunidades vecinas”, apuntó.

En Latinoamérica “tenemos los mejores ejemplos del mundo (en proyectos energéticos)”, consideró.

El ingeniero puso como modelo de buenas prácticas la planta brasileña Teles Pires, en la que participó Odebrecht, una de las constructoras hidroeléctricas más grandes del mundo, que busca posicionarse en el mercado como una empresa sostenible y respetuosa con el medioambiente.

“Los grandes impactos ecológicos no están asociados a la obra en sí misma, sino a los distintos caminos de acceso que se abren para llegar a ella. En Brasil hay un fenómeno muy conocido por los ambientalistas que se llama espina de pescado”, explicó Acevedo.

ESPINA DE PESCADO

En Teles Pires “aislaron” la central hidroeléctrica y repoblaron la mayor parte de las vías que se fueron abriendo durante la construcción para mitigar el citado “efecto espina de pescado”, una expresión que se utiliza para describir los estragos que las carreteras y sus caminos secundarios dibujan en los bosques cercanos a las plantas energéticas.

Latinoamérica tiene un potencial energético “enorme”, del que solo ha explotado el 30%, y va a ser capaz de satisfacer la demanda creciente de energía que existe en la región “porque no tiene ningún problema en lo que a recursos naturales se refiere”, apuntó Acevedo.

El principal reto de la región, aseveró, es convencer a los gobiernos de que “contraten proyectos que busquen más allá que construir una obra”. 

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