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Al menos 250 personas integrantes de dos cooperativas pesqueras de la zona del Golfo de Fonseca han visto incrementados sus ingresos con la puesta en marcha de una iniciativa para implementar zoocriaderos de peces pargo lunarejos y conchas negras en los manglares.

“En la zona costera del golfo, conocemos que hay una población de unas 1,200 familias cuya mayor fuente de ingreso es la pesca, y como pescadores no los podés sacar de su esquema. Lo que hemos hecho es emigrarlos al cultivo, antes extraían el producto ahora son familias dedicadas a la producción de peces en los esteros, pero en jaula flotantes”, refirió Edwin Paniagua, representante de la fundación Líder.

Fuerte impacto

La ONG para la que trabaja Paniagua en alianza con otras como la española Amigos de la Tierra, Ecopesca, la Unión Europea y la colaboración del Gobierno central, a través del Ministerio de Recursos Naturales y el Instituto Nicaragüense de Pesca y Acuicultura, y la asistencia de especialistas cubanos, han desarrollado desde 2010 esta iniciativa en la zona.

Ángel Quirós, biólogo del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, explicó que “una cosecha dura siete meses y en una jaula hay capacidad para 4,500 peces, que en esos siete meses alcanzan un peso superior a una libra, la cual se vende en el mercado local hasta en C$50 por libra, o sea, son ingresos significativos para estas familias”.

De acuerdo con la explicación brindada por Quirós, los cooperantes que trabajan en la zona brindan al cooperativista financiamiento para construir tres jaulas, con las cuales --tomando en cuenta el precio final que se paga por la libra de pargo-- dejan de estar en pobreza extrema, es decir, ya no son personas que sobreviven con menos de un dólar al día.

 “Si tuviesen cinco jaulas salen de la pobreza media y si la cantidad de jaulas fuera mayor salen de la pobreza, pero para lograrlo necesitan un cambio de mentalidad. Han logrado dejar de verse como pescador extractor para verse como cultivador, pequeños empresarios y hacer un empoderamiento de esta actividad, que es lo que les conviene”, argumentó Quirós.

Según el especialista cubano, la construcción de cada jaula (armada con tubos de acero, baldes, mallas y madera) tiene un costo de US$2,500, mientras que en la parte física de la granja (casetas de cuido, máquina para hacer harina y preparar el alimento, mallas, cedazos, bodegas y silos) se invierten US$6,000.

También conchas negras

De igual manera, los cooperativistas de la zona del golfo están desarrollando iniciativas para zoocriaderos de conchas negras en los manglares de la zona, que están dando buenos resultados financieros, además de ayudar a preservar el medioambiente.

“Las cooperativas organizadas no llegan al 10%, por eso el impacto aún no se ve cuantitativamente, pero cualitativamente es muy buena porque los concheros y concheras señalan que cultivan mejor (rendimientos de 8 conchas por metro cuadrado), que les pagan más. Asimismo, con este tipo de producción se mantiene el equilibrio en los ecosistemas”, reveló Quirós.

  • La zona del golfo es compartida por Nicaragua junto a Honduras y El Salvador, y la presión de pesca sobre este es muy alta.
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