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  • AFP

Cincuenta estados, entre ellos Francia, España y Brasil, firmaron este lunes en Pekín un acuerdo sobre la fundación y los estatutos del nuevo banco asiático de desarrollo, lanzado por iniciativa de China, que tendrá un peso importante en la institución.

Australia fue el primer país en firmar este documento que crea el llamado Banco Asiático de Inversiones en las Infraestructuras (BAII), en una ceremonia en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín.

Otros 49 países se sumaron a la firma, de manera que hay por ahora 50 miembros fundadores. Siete naciones más (Dinamarca, Polonia, Sudáfrica, Kuwait, Malasia, Filipinas y Tailandia) se unirán al proyecto antes de fin de año.

El BAII, dotado con un capital de 100,000 millones de dólares, será operativo antes de final de año y financiará obras de infraestructura en Asia.

"Nuestra iniciativa está concebida para responder a las necesidades de desarrollo de las infraestructuras en Asia (...) y también para profundizar las cooperaciones regionales", afirmó hoy lunes el presidente chino Xi Jinping, que calificó la ceremonia de "etapa de histórica importancia".

Tras anunciar el proyecto a bombo y platillo a finales de 2014, China logró sumar al mismo a varios países occidentales, entre ellos Francia, Alemania, Reino Unido, España y Brasil, pero no a Estados Unidos ni Japón, respectivamente primera y tercera economías mundiales.

Washington había manifestado sus reservas sobre el BAII, preocupado por los estándares de gobernanza, su falta de transparencia y su competencia con las organizaciones existentes, como el Banco Mundial. Estados Unidos también teme que Pekín utilice esta institución para sus propios fines geopolíticos y económicos.

Este "Plan Marshall chino" quiere ser un contrapeso de las instituciones nacidas en Bretton Woods, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, en las que Estados Unidos ejerce una enorme influencia.

Contribuyendo al "soft power chino", la institución podría favorecer también a las empresas chinas en busca de nuevos mercados, en particular en el lucrativo negocio de las infraestructuras en Asia, donde todo está por hacer.

El Wall Street Journal afirmó recientemente que Pekín mantendría el control de la institución y podría utilizar, en tanto que principal contribuyente, un "derecho de veto" de facto en las principales decisiones, aunque las autoridades chinas lo niegan.

El funcionamiento del BAII —cuya sede estará en Pekín— otorga a China un papel predominante por el simple hecho de que es, y de lejos, el contribuyente más importante, con un 30% del total.

Esto permitirá a Pekín obtener el 26% de los derechos de voto, según el gobierno chino. Para tomar algunas decisiones estructurales, se necesita la mayoría cualificada de tres cuartos de votos, con lo que China dispondrá de un poder de bloqueo.

Fuentes cercanas a la nueva institución consultados por la AFP trataron de minimizar los temores suscitados por esta "minoría de bloqueo", arguyendo que los países no asiáticos podrían votar también en bloque, bloquear o influir en las decisiones del banco.

India es el segundo mayor contribuyente de la institución (8.4%), seguido de Rusia (6.5%). Entre los países no asiáticos miembros fundadores, Alemania es el primer contribuyente (4.5%), seguido de Francia (3.4%) y Brasil (3.2%).

 

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