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Despreciado en Grecia por haber impuesto el programa de austeridad, el FMI entregó, sin embargo, armas a Atenas luego de instar a los europeos a echar mano de sus monederos y aliviar la impresionante deuda del país.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) causó un gran revuelo el jueves al divulgar un informe que hizo mover las líneas en Bruselas y en Atenas, a cuarenta y ocho horas de un referendo crucial para el futuro del país. 

En su diagnóstico del alcance de la crisis económica de Grecia y sus enormes necesidades de financiación (por lo menos 50,000 millones de euros en los próximos tres años), la institución con sede en Washington dijo que sus socios europeos no tendrán más opción que reestructurar la deuda del país o simple y llanamente condonar una parte. 

En plena batalla con sus acreedores internacionales, las autoridades de Atenas no dejaron pasar esa oportunidad para desobedecer las recomendaciones de una institución a la que acusa de “comportamiento criminal”. 

Retomando las observaciones clave del informe del FMI, el primer ministro griego Alexis Tsipras aseveró ayer que desea “una quita del 30%” de la deuda y “un período de gracia de 20 años” para garantizar la “viabilidad de la deuda” de su país.

Los europeos están en primera línea. Principales contribuyentes de los planes de ayuda masiva a Atenas, detentan 211,000 millones de euros de un total de unos 280,000 millones de euros que tiene la deuda griega, y son los más expuestos a eventuales pérdidas. 

No es de extrañar que los gobiernos europeos hayan arremetido contra las recomendaciones del FMI.

Obsoletos 

Feroz oponente a hacer sacrificios por la deuda griega, Alemania respondió inmediatamente. 

“No podemos lanzar como conclusión que es necesaria una reestructuración de la deuda”, aseguró Martin Jäger, portavoz del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble.

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, criticó los “datos y las cifras obsoletas” manejadas por el FMI para refutar su análisis.

Y tocó un punto débil. El informe del FMI terminó una semana antes de una serie de acontecimientos que han cambiado las cartas: el anuncio de un referendo, el fin del plan europeo y el default de Grecia con el FMI. 

Este documento publicado de urgencia podría hacer añicos el frente de los acreedores de Grecia (FMI, UE y BCE), ya golpeado muchas veces en el tema de la deuda. 

A finales de 2012, el FMI había ya conseguido la promesa de los europeos de llevar la deuda griega “sustancialmente” por debajo del 110% de su producto interno bruto (PIB) en 2022. 

Pero los compromisos para lograr este objetivo no se mantuvieron y la deuda griega se acerca hoy al 180% de su PIB. 

El tema ha sido el escenario de fondo de las maratónicas discusiones entre Grecia y los europeos, aunque estos se hayan negado a asumir el menor compromiso hasta tanto Atenas no haya aceptado su paquete de medidas.

El sábado de la semana pasada, durante una reunión del Eurogrupo, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, llamó a la UE a abordar desde ahora el problema de la deuda griega, pero se encontró con una oposición frontal, reveló a la AFP una fuente cercana a las negociaciones. 

“Pedimos a los griegos hacer cosas muy, muy difíciles. Y pedimos a los europeos hacer cosas muy, muy difíciles para ellos”, reconoció el jueves reciente un alto funcionario del FMI bajo condición de anonimato. 

El FMI también vela por sus intereses. “Si hubiera una reestructuración de la deuda griega en manos de los europeos, resultaría una deuda griega más sostenible y esto haría más probable que el FMI recibiera su pago”, manifestó a la AFP Charles-Henri Colombier, economista en CMI Rexecode. 

Sin embargo, el FMI corre el riesgo de quedar atrapado en sus propias contradicciones. Su carta constitutiva le permitiría, de hecho, darle un poco de oxígeno a Grecia ampliando sus plazos de pago. 

Atenas se lo ha solicitado formalmente, pero por lo pronto el organismo internacional hace oídos sordos.

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