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  • EFE

El Fondo Monetario Internacional (FMI) mantuvo hoy abiertos los puentes de diálogo con Grecia, pese al masivo rechazo del pueblo griego, en el referéndum del domingo, a las recetas de austeridad que preconiza la institución financiera.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en una lacónica declaración de un párrafo, aseguró hoy que el organismo financiero "se mantiene listo para ayudar a Grecia si así se lo pide", y que la institución está "vigilando la situación estrechamente".

"El FMI ha tomado nota del referéndum celebrado ayer en Grecia. Estamos vigilando la situación estrechamente y nos mantenemos listos para ayudar a Grecia si así nos lo pide", explicó la máxima directiva del FMI en su escueta declaración.

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Este domingo los griegos apoyaron con una amplia mayoría el "no" a las recetas de recorte de gasto público y subida de impuestos que exigen los acreedores y socios europeos a cambio de un nuevo paquete de ayuda financiera que libre a Grecia del control de capitales y que ha venido siendo apoyado por el FMI como única solución para la actual coyuntura del país mediterráneo.

La victoria del "no" sitúa las negociaciones con el FMI y las autoridades europeas con Grecia en un nuevo escenario, en el que los acreedores tienen más complicado conseguir que se implementen las reformas exigidas y hace que la posibilidad de una salida de Grecia de la zona euro sea cada vez más real.

El FMI ha participado, junto con el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE), en los programas de rescate a Grecia y ha sido el principal impulsor de los condicionantes y las exigencias de reforma, especialmente en el sistema de pensiones, para reestructurar la abultada deuda griega.

Canales de diálogo

El gobierno del primer ministro heleno, Alexis Tsipras, no ha mantenido buenos canales de diálogo con el FMI, institución que ha calificado la situación de la deuda griega como "insostenible" y a la que las autoridades helenas han señalado como responsable de imponer políticas de austeridad inaceptables por su pueblo.

Tras varios programas de rescates a cambio de reformas, el gobierno de Tsipras ha chocado particularmente con las exigencias de realizar recortes en el sistema de pensiones griego y aumentar la recaudación de impuestos.

Ante la asfixia financiera, las autoridades helenas se han visto obligadas a cerrar los bancos durante una semana y aplicar controles de capital para que el sistema financiero no se quedase sin fondos.

Como consecuencia, Atenas no pudo cumplir el martes de la semana pasada con el pago al FMI de un vencimiento de 1.600 millones de euros (1.760 millones de dólares) que había pedido aplazar hasta noviembre, lo que supuso el mayor impago de un país avanzado con la institución dirigida por Christine Lagarde.

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Hasta que no se haya puesto al día en sus obligaciones crediticias, Grecia no podrá recibir nueva financiación del FMI, a tenor de una de las normas de los estatutos que el organismo sigue con más rigidez.

La institución advirtió entonces que la historia ha demostrado que no pagar las obligaciones financieras, como pidieron las autoridades griegas poco antes de caer en mora, "no ayuda a resolver los problemas económicos fundamentales o las necesidades inmediatas" de los países sumidos en crisis como la de Grecia.

Antecedente

El FMI recordó que hace más de 30 años aceptó "a unos pocos países de bajos ingresos" que se lo solicitaron retrasar el pago de sus obligaciones, "pero en cada caso se demostró que esta prórroga no había ayudado a resolver las necesidades de financiación inmediata o los problemas económicos fundamentales".

En vísperas de la celebración del referéndum y de manera sorpresiva, el FMI también publicó un informe que cifraba la necesidad de financiación de Grecia entre 2015 y 2018 en 50.000 millones de euros (55.000 millones de dólares al cambio de hoy), reducía las previsiones de crecimiento económico para Grecia del 2,5 % al 0 % este año y preveía un mayor deterioro de las perspectivas de la deuda del país.

El gobierno heleno usó el informe del Fondo como argumento para reforzar su principal demanda: la necesidad de acordar una reestructuración de la deuda para permitir que la economía vuelva a la senda del crecimiento.

No obstante, en su informe, el Fondo aseguraba asimismo que la situación ha empeorado desde la llegada al Gobierno del izquierdista Alexis Tsipras, al rebajarse los objetivos fiscales y ralentizarse la aplicación de las reformas estructurales.

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