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Hay todo tipo de estudiantes. Aquel que estudia para pasar las clases y aquel que aprovecha cada materia para concretar metas profesionales. De esos que se llevan el contenido de las asignaturas a la vida real y lo convierten en un proyecto de vida, que incluso puede servir para generar ingresos propios y a terceros. Hablamos de los emprendedores. De los estudiantes que no tienen miedo, que tienen una idea.

Diversas universidades de nuestro país tienen programas de emprendimiento enfocado en los estudiantes para que estos sean los generadores de sus propios ingresos y puedan crear empresas o productos.

Tal es el ejemplo de Jessica Flores Sevilla, quien se graduó como diseñadora de productos. “Recibí un taller que me certificó como Instructora en Artes Plásticas y allí me fomentaron el emprendedurismo”, relata. “Sweet Crafts surge en enero de 2011 como una microempresa que se enfoca en el diseño y elaboración de productos decorativos sobre madera, textil, cerámica, barro y vidrio, entre otros materiales”, señala la diseñadora.

Su miniempresa se enfoca en la realización de productos como separadores de lectura, portallaves, botellas recicladas, bolsos de lona, cofres, alhajeros, portapañales, percheros, y portarretratos, entre otros.

La creadora de Sweet Craft, quien ha participado en ferias exponiendo sus productos ve factible vivir de su arte.

FRANCISCO ROMERO, CREADOR DE LA LÍNEA TEXTIL ROCO.

VISIONARIO
Desde mucho antes de graduarse de la universidad Francisco Romero Valverde tuvo una visión emprendedora. Comenzó realizando chapas con tapas de botella que luego le dieron la vuelta al mundo. Comenzó el sueño de su empresa con 200 dólares. Primero creó la empresa Nikas Artes Exclusivos que abarcaba todo lo referente al diseño gráfico y servicios como talleres en las comunidades rurales.

Luego creó Roco, una línea textil que nace hace año y medio. Se enfoca en la confección y diseño de camisetas, camisolas, bolsos, mochilas y próximamente calzados. Actualmente sus mayores clientes son las ONG y empresas de productos masivos, pero también atiende a personas naturales. Romero cuenta con un taller todo equipado y una pequeña tienda en su domicilio.

“Siempre me vi con mi propio negocio, porque creo que trabajar para una empresa te limita. Acá yo puedo tener más libertad sobre todo porque me gusta experimentar con diferentes materiales. En vez de contratar a terciarios, me fijé que salía mejor invertir en mi propia maquinaria que me permitiera tener mejores resultados y acabados”, dice el joven emprendedor.

SIN TABÚES
Ken Corea, quien cursó la carrera de Administración Turística y Hotelera  vio más allá del típico negocio y tras un viaje a Costa Rica tuvo la visión de establecer en Nicaragua una tienda de tatuajes. Este joven señala que aunque en nuestro país muy poca gente lo considera arte, el negocio de los tatuajes tiene mucha demanda en otras culturas, como en el vecino país.

“Para mí es una empresa. No lo veo como un pasatiempo, aunque mucha gente lo ve como vagancia. Yo no soy vago, estuve en la universidad, mis padres son trabajadores, me inculcaron el trabajo y siempre me consideré emprendedor”, relata Corea, quien primeramente se estableció en Bello Horizonte.

Maktub Tattoo Piercing, como se llama su empresa, actualmente atiende un promedio de dos personas diario, es decir casi 60 al mes.

 

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