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Las bolsas chinas cayeron moderadamente ayer, al día siguiente de un desplome que afectó a otras plazas bursátiles y pese a las medidas de emergencia del gobierno.

Desde hace varios días, los inversores andan preocupados por la publicación de varios indicadores decepcionantes sobre la segunda economía mundial, claramente ralentizada. Entre ellos, la contracción de la producción manufacturera en julio, en su nivel más bajo en 15 meses.

La sesión de este martes fue muy volátil en el parqué de Shanghái. El índice compuesto cerró con una pérdida de 1.68%, después de llegar a caer más de un 5%.
La plaza de Shanghái evitó así una repetición de la jornada del lunes reciente, en la que se dejó un 8.48%, la mayor caída en más de ocho años, y que afectó a las grandes bolsas del planeta.

En la bolsa de Shenzhen, la segunda mayor de la China continental, el índice compuesto también limitó las pérdidas, a 2.24%.

Hong Kong cerró incluso al alza (0.62%), recuperándose en parte de una caída de más del 3% la víspera, y Tokio perdió apenas un 0.10%.

Tras las caídas del lunes, el regulador chino anunció que mantendrá su política de compra de acciones para limitar las caídas iniciadas el mes pasado.
Al contrario que en otros países, los parqués de la China continental (lo que no incluye Hong Kong) cuentan entre sus inversores con una gran mayoría de particulares, cuyo comportamiento se considera imprevisible.

“Me deshice del 90% de mis títulos tras haber leído que los mercados iban a sufrir (todavía) una corrección”, aseguró a la AFP Ling Lihui, responsable de una oficina de estudios, que vendió sus acciones el último viernes.

Y aunque las autoridades chinas anunciaron la inyección de más fondos para apoyar las plazas financieras, los expertos consideran este anuncio insuficiente.
“La intervención gubernamental no bastó para detener la caída del mercado, solo la retrasó”, comentó Castor Pang, investigador de Core-Pacific Yamaichi en Hong Kong, citado por Bloomberg.

La confianza se hace esperar

Hasta mitad de junio, la bolsa de Shanghái había acumulado una subida del 150% en doce meses, una evolución totalmente desconectada de una economía china que crece a un ritmo de alrededor del 7%, muy lejos del 10% o más de la década anterior.

A partir de ese momento, las bolsas de Shanghái y Shenzhen sufrieron una fuerte corrección, perdiendo la primera un 30% en tres semanas.

El gobierno reaccionó con una batería de medidas, como una línea de liquidez del banco central para estabilizar las plazas bursátiles, o la prohibición para unos 100 grandes grupos chinos de vender acciones de sus filiales en bolsa.

Además, las 21 principales corredurías chinas se comprometieron a invertir al menos US$19,000 millones adicionales en los mercados.

Algunos analistas relativizan, no obstante, el alcance de la actual corrección bursátil y creen que tiene poco impacto en la economía real.

“Creemos que estas ventas masivas de acciones en bolsa tienen un impacto limitado en la economía real”, refirió ayer el banco japonés Nomura.

El banco ANZ se niega por el momento a hablar de crisis financiera, aunque advierte que las bolsas chinas seguirán “muy volátiles pese al ambicioso programa de asistencia lanzado por el gobierno en las últimas semanas”.

Los inversores están ahora atentos a la reunión de dos días de la Reserva Federal norteamericana a partir de este martes, con la esperanza de encontrar indicios sobre cuándo subirá sus tipos de interés, cercanos a cero desde finales de 2008.

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