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Después de tres semanas de cierre, la reapertura de los bancos griegos el 20 de julio fue un paso positivo. Pero los bancos permanecieron debilitados: una crisis de liquidez se ha convertido en una crisis de solvencia. Hasta que la preocupación en torno a su viabilidad se calme después del verano, cuando se realizarán pruebas de estrés para determinar su suficiencia de capital, pasarán apuros para retomar cierta semejanza con la normalidad.

Aunque las cortinas han sido levantadas y ya no hay largas filas en los cajeros automáticos, en la práctica poco ha cambiado esta semana. Los clientes pueden pagar con cheques y tener acceso a sus cajas de seguridad en los bancos donde han acumulado efectivo. Sin embargo, los estrictos controles de capital aún evitan las transferencias al extranjero y el límite existente a los retiros de efectivo sigue en vigor, con solo un cambio cosmético respecto del tope diario anterior de 60 euros (65 dólares) a un límite semanal de 420 euros.

Sin embargo, la situación pudiera haber sido mucho peor. Después de racionar una cantidad limitada de efectivo durante tres semanas, los bancos estuvieron cerca de quedarse sin él. Lo que marcó la diferencia fue la decisión del Banco Central Europeo (BCE), el 16 de julio, de elevar la cantidad de asistencia de liquidez de emergencia (ALE) que el Banco de Grecia puede ofrecer a los bancos.

Aunque el aumento de 900 millones de euros fue relativamente pequeño, incrementos adicionales parecen probables, especialmente ya que un préstamo temporal de 7,000 millones de euros de un fondo respaldado por parte de la Unión Europea permitió al gobierno griego amortizar bonos con valor de 3,500 millones de euros en poder del BCE, junto con 700 millones de euros de intereses, y pagar sus atrasos de 2,000 millones de euros al Fondo Monetario Internacional el 20 de julio. Como parte del acuerdo con los acreedores, el Parlamento griego aprobó otro conjunto de reformas el 23 de julio.

Apoyo a empresas

Como dijo Nikolaos Karamouzis, presidente de Eurobank, uno de los cuatro grandes bancos griegos, lo que importa ahora es permitir que los bancos apoyen a las empresas. La esperanza es que, con la continuación de los límites estrictos a los retiros de efectivo, la ALE adicional pueda ser transferida a las compañías que necesitan urgentemente crédito comercial. Como muchas empresas necesitan comprar importaciones vitales esto se combinaría con una relajación de los controles de capital.

Cualquiera de esas mejoras probablemente dependerá fuertemente de una ALE extra en vez de un retorno de los depósitos. Los bancos experimentaron previamente una gran demanda de fondos cuando se celebraron dos elecciones a principios del verano de 2012, despertando temores de una salida forzada de la moneda única y una redenominación a dracmas de las cuentas bancarias en euros.

Aun después de que disminuyó este riesgo tras la segunda elección en junio de 2012, los depósitos se recuperaron lentamente. Aunque la preocupación por la llamada “Grexit” (la salida de Grecia de la unión monetaria) ha disminuido una vez más, a las familias y, especialmente, a las empresas quizá ahora les preocupe una “recapitalización interna” con base en los depósitos grandes (por encima de los 100,000 euros) –convirtiendo a algunos de ellos en capital social– para recapitalizar a los bancos, como sucedió en Chipre en 2013.

Problema de iliquidez

Aunque Danièle Nouy, directora del consejo supervisor del Banco Central, que ahora está a cargo de supervisar a los cuatro grandes bancos griegos, dijo a principios de junio que los bancos griegos eran solventes, indudablemente han sido las principales víctimas de la crisis de este año.
La demanda de fondos en los bancos, que empezó en diciembre, en vísperas de la elección que llevó a Syriza al poder a fines de enero, les ha hecho fuertemente dependientes del financiamiento del Banco Central, el cual ahora realmente excede los depósitos privados.

La prolongada contracción de la liquidez en la economía, agravada por los acontecimientos extraordinarios del último mes, está cobrando un precio a las empresas. Las potenciales pérdidas por un aumento en los préstamos sin desempeño, ya en un nivel muy elevado del 34 por ciento a fines del año pasado, se comerán al capital bancario. En el otoño se revelará cuánto daño se ha registrado.

No obstante, parece muy improbable que se recurra a los depositantes para recapitalizar a los bancos. Por un lado, no se supone que se aplique la regla de recapitalizaciones internas de la UE hasta 2016 (aunque, dentro de la zona del euro, Austria y Alemania ya la introdujeron este año). Eso debería descartar los retiros masivos de los depósitos, restringiendo a las víctimas del sacrificio a los accionistas (junto con pequeñas cantidades de deuda subordinada).

Aun cuando se permitieran recapitalizaciones internas serían extraordinariamente contraproducentes. En Chipre, hubo un argumento a favor de usar este enfoque con base en que muchos de los depósitos afectados eran finalmente propiedad de rusos y ucranianos y eran de procedencia dudosa. Pero, en Grecia, destruirían al capital de trabajo de pequeñas y medianas empresas, la columna vertebral de la economía del país.

Pero hasta que los bancos hayan sido puestos en orden y recapitalizados este otoño, los depositantes permanecerán nerviosos. Karamouzis dijo que, si el resto de Europa pudiera ofrecer rápidas garantías a los depositantes griegos de que no se recurrirá a sus fondos para una recapitalización interna, eso tendría un efecto catalítico en restablecer la confianza y hacer regresar los depósitos a los bancos.

Como están las cosas, pasarán varios meses al menos antes de que haya un regreso a la normalidad; cualquier cosa que eso signifique ahora en Grecia.

  • Después de racionar una cantidad limitada de efectivo durante tres semanas, los bancos griegos estuvieron cerca de quedarse sin él.
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