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Si visita el sudoeste de Ontario y la península del Niágara, verá escenas de decadencia industrial. Plantas siderúrgicas, fábricas de partes automotrices y procesadoras de alimentos están abandonadas, y sus estacionamientos están salpicados de brotes de pasto. La región tiene la apariencia de un área industrial decadente, y eso ha preocupado a los canadienses.

La manufactura recibió un fuerte golpe a fines de la década del 2000 y principios de la del 2010, cuando los altos precios del petróleo elevaron el valor del dólar canadiense, haciendo a las fábricas menos competitivas. Pero Canadá ahora debería estar recuperándose de ese brote del llamado síndrome holandés.

El “loonie”, como los canadienses llaman a su moneda, ha estado descendiendo junto con los precios del petróleo. El 25 de agosto, cayó a su nivel más bajo en una década frente al dólar estadounidense. Eso, más la fuerte economía en Estados Unidos, el mercado para tres cuartas partes de las exportaciones de Canadá, deberían haber revivido la actividad industrial.

Hasta ahora no ha sido así. Las ventas de las fábricas se elevaron 1.2 por ciento en junio, pero estuvieron 3.1 por ciento por debajo de su nivel de un año antes. El hecho de que la manufactura no responda al tónico de una divisa más débil es una razón por la cual la economía probablemente se contrajo durante el primer semestre de 2015.

Baja empleo

Ahora los canadienses están empezando a sospechar que mucho de lo que perdieron quizá nunca regrese. En 2000, la manufactura representó 18 por ciento del PIB, no mucho menos que ese indicador en Alemania; para 2013, había descendido a 10 por ciento, alrededor del nivel en Gran Bretaña y Estados Unidos. El empleo en las fábricas ha caído en unos 500,000 puestos de trabajo desde 2005, a 1.7 millones. En la década concluida en 2012, cerraron unas 20,000 fábricas.

Un gran problema es que Canadá en su mayor parte produce componentes, no productos finales. Eso vuelve a los manufactureros vulnerables cuando sus clientes se mudan. Los fabricantes de autopartes estaban bien ubicados para hacer entregas a los fabricantes de autos en Michigan, pero muchos de sus clientes se han mudado al sur.

Otra razón por la cual la declinación del “loonie” no ayudó más es que las divisas de países competidores también han caído. Y la industria se ha visto perjudicada por el creciente costo de los insumos, a menudo valuados en dólares estadounidenses, y por los precios de la electricidad más altos, especialmente en Ontario. Los altos salarios de Canadá son otra carga.

Pocas propuestas

Los candidatos en la elección nacional de Canadá, que se celebrará el 19 de octubre, han tenido poco que decir hasta ahora sobre la languidez de la manufactura. En parte, eso podría deberse a que no hay mucho que el gobierno pueda hacer. Armonizar las regulaciones y facilitar los cruces fronterizos con Estados Unidos ayudaría.

Algunas compañías se están ayudando a sí mismas invirtiendo fuertemente en maquinaria y tecnología nuevas, con la esperanza de producir bienes con un valor añadido más alto. La manufactura en Canadá no desaparecerá. Ni tampoco, tristemente, la decadencia.

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