•   Fráncfort, Alemania  |
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  • AFP

Unos 700.000 coches del fabricante español Seat fueron equipados con motores trucados de Volkswagen, confrontado a un escándalo que constituye, según su nuevo presidente Matthias Müller, "la mayor prueba de la historia" del gigante automovilístico alemán.

Volkswagen, matriz de doce marcas, reconoció la semana pasada haber equipado unos 11 millones de vehículos en todo el mundo con un software capaz de falsear los resultados en un test de contaminación de los motores diésel.

La trampa afecta igualmente a cinco millones de coches de marca Volkswagen, 2,1 millones de berlinas de alta gama de Audi, 1,2 millones de la checa Skoda y 1,8 de vehículos utilitarios de Volkswagen.

Junto a los 700.000 de Seat, suman 10,8 millones de vehículos afectados que, según un portavoz de Seat en Madrid, representan la totalidad de los coches trucados. 

El escándalo del primer vendedor de coches del mundo provocó la renuncia de su presidente, Martin Winterkorn, y derrumbó las acciones de VW en la Bolsa de Fráncfort. En los últimos diez días, la descapitalización totalizó 29.000 millones de euros (33.000 millones de dólares).

La empresa enfrenta además la perspectiva de multas de hasta 18.000 millones de dólares en Estados Unidos y de incalculables costos ligados a las demandas judiciales y a los gastos de desinstalación del dispositivo fraudulento, sin mencionar una eventual reducción de ventas debido a una erosión de imagen.

VW ya separó 6.500 millones de euros para afrontar las operaciones de adecuación de los motores, aunque para algunos analistas esa suma será considerablemente mayor.

"Plan de acción a gran escala"

VW está "confrontada a la mayor prueba de su historia", admitió su nuevo presidente, Matthias Müller, en su primer mensaje a los directivos del grupo.

"No hay ninguna justificación para el engaño y la manipulación", declaró el ejecutivo, de 62 años, citado el martes por la prensa.

"Durante el fin de semana, un grupo de trabajo elaboró un plan de acción a gran escala", reveló Müller en esa reunión, que se llevó a cabo el lunes.

Müller trató de infundir aliento a su equipo, con vistas a recuperar la confianza de la opinión en una empresa que emplea a casi 600.000 personas en todo el mundo y ostenta un volumen  de negocios de 200.000 millones de euros.

Pero "para ello, tenemos que aclarar lo ocurrido con determinación. Necesitamos coraje y espíritu de lucha. Será difícil (...) y habrá reveses. Pero podemos hacerlo y lo haremos" proclamó.

"Juntos, podremos superar esta crisis y convertir a Volkswagen en una empresa aun mejor", agregó.

El gobierno alemán emplazó a la compañía a presentar antes del 7 de octubre un plan para solucionar los problemas de los software fraudulentos.

La Fiscalía alemana abrió por su lado una investigación por fraude contra Martin Winterkorn, quien asegura no haber estado al tanto de las manipulaciones cometidas bajo su presidencia.

Temor en Wolfsburgo

El escándalo tiene también repercusiones en la ciudad de Wolfsburgo, en el norte de Alemania, sede de la compañía que emplea a la mitad de sus 124.000 habitantes y asegura una parte sustancial del presupuesto de la localidad.

Ante el riesgo de que VW se vea envuelta en graves dificultades financieras, la alcaldía de Wolfsburgo ordenó una inmediata congelación de gastos y contrataciones en el sector público.

La crisis también puso a temblar a los beneficiarios de patrocinios deportivos y culturales de VW, incluyendo el club de fútbol local, el VfL Wolfsburg.

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